Traduciendo a Charlotte Brontë

Ya comenté en Book Eater que me había apuntado a una iniciativa llamada Adopta una autora, que consiste en dar a conocer la vida y obra de una escritora en particular, y esta entrada pretende ser la primera de mis aportaciones a este proyecto (podéis ver la web oficial aquí y cotillear qué otras autoras han sido adoptadas). Aviso que va a ser una entrada un poco larga, pero espero que aguantéis hasta el final porque considero que es muy interesante.

Lejos de ser una persona experta en el tema,mi intención hoy es hablaros, en parte, de cómo la traducción de una novela puede influir en la lectura y para ello he querido tomar como ejemplo la novela Jane Eyre. Hace unos meses ya comparé algunas diferencias entre las distintas traducciones existentes de la novela a través de un fragmento que escogí.

“I tell you I must go!’ I retorted, roused to something like passion. “Do you think I can stay to become nothing to you? Do you think I am an authomaton? – a machine without feelings? and can bear to have my morsel of bread snatched from my lips, and my drop of living water dashed from my cup? Do you think, because I am poor, obscure, plain, and little, I am soulless and heartless? You think wrong! – I have as much soul as you – and full as much heart! And if God had gifted me with some beauty and much wealth, I should have made it as hard for you to leave me, as it is now for me to leave you.

Podéis ver la traducción al castellano de las distintas ediciones que podéis encontrar ahora mismo a la venta en esta entrada que hice hace escasas semanas usando como punto de comparación las primeras líneas de la novela y la otra que hice en Book Eater con el fragmento de arriba. Una vez comentado esto, pasemos realmente a lo que va a ser el tema central de la entrada.

Jane Eyre fue publicado originalmente en octubre de 1847 en inglés, y la primera traducción al castellano que existe, titulada Juana Eyre, memorias de una aya, fue publicada entre 1850 y 1851 en por la Imprenta del Diario de la Marina (La Habana, Cuba). Eso sí, no estamos ante una traducción de la novela completa, es una adaptación de una traducción francesa que se publicó por primera vez en 1849  (y que podéis leer aquí íntegra gracias a Google books).

obrateatroPocos años después, en 1869, se publicó una obra de teatro titulada Juana Eyre: drama en cuatro actos y un prólogo, que se puede leer íntegramente ya que fue digitalizada recientemente. Si tenéis curiosidad, la podéis leer online en este enlace o en este otro  e incluso descargarla en PDF de aquí o de aquí. También podéis leer mi reseña de la obra te atro en este enlace. Sin embargo, no fue hasta 1889 cuando la novela como tal fue traducida por primera vez al castellano, por Leopoldo Terrero, con el título de Juana Eyre (y por apenas 1€ podéis leer en formato electrónico esta edición).

La siguiente edición que se conoce es ya de principios del siglo XX, concretamente una de ellas (también con el título de Juana Eyre, qué manía) es de 1928 y fue publicada por la editorial Mentora (esta es la preciosa portada, por si os queréis asustar un poco). A partir de esta fecha, distintas editoriales se fueron animando a publicar la novela, tanto en formato  libro como en formato revista. Damos un salto hasta la edición de Aguilar, dentro de su colección Crisol, donde Jane Eyre es el número 198 de una larga serie reconocible casi al instante por su color y tamaño. También podéis encontrar en esta misma colección las obras de sus hermanas Cumbres borrascosas y Inés Grey (sí, Inés).

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Como curiosidad, la novela, además de haber sido publicada con el nombre de los protagonistas traducidosal castellano, también sufrió otros horrores, como por ejemplo, el cambio de título. Circulan unas cuantas versiones que llevan como título Almas rebeldes, y no, yo tampoco lo entiendo, pero ahí están.

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Dando un salto hasta la actualidad, de todas las ediciones modernas que podéis encontrar a la venta, yo desde luego prefiero la que ha sido traducida por Carmen Martín Gaite, que tal vez se aleja un poco del texto real en algunos puntos, tirando más hacia lo poético y hacia la re interpretación, que ahora mismo está disponible en distintos formatos. Eso sí, otra de las traducciones que abundan es la de Juan G. De Luaces, del sello Austral, y es en la que me quería centrar aprovechando que fue también la que más destacó por “rara” en las entradas de comparación de traducciones que he mencionado al principio. Esta traducción vio la luz en 1943, y desde entonces ha llovido mucho.

Por lo que he podido leer, hay nada más ni menos que 38 reediciones de la obra que han utilizado esta traducción, distribuidas a lo largo de los últimos años, 9 de ellas publicadas entre los años 2000 y 2012. Una de las características principales es que la traducción se publicó por primera vez durante la época franquista, lo que conlleva no pocos desafíos. El primero de todos es que las obras debían pasar por un censor. El editor del libro le entregaba un ejemplar a la Dirección General de Propaganda, solicitando el permiso de impresión. Esta obra era leída por un censor, que redactaba un informe donde la valoraba, tachaba lo que procediera y se le devolvía al editor. Como imagino que tendréis ganas de saberlo, os dejo lo que puso en su informe:

“Una buena novela en la que se narra la vida de una muchacha huérfana, sus sufrimientos y sus luchas por conseguir un medio de vida decoroso. Es completamente moral pero como obra inglesa, toda su acción se desenvuelve dentro de la religión protestante.”

Para aquellos que sientan curiosidad, hay disponible una página web que compara la versión original en inglés con dicha traducción, párrafo a párrafo, por lo que es bastante fácil ver dónde se han producido ciertos cambios, matices, donde se han suavizado expresiones o incluso se han eliminado por completo ciertas frases. Por ejemplo, os pongo a continuación un ejemplo llamativo  de “censura” o simplificación del texto original.

But in other points, as well as this, I was growing very lenient to my master: I was forgetting all his faults, for which I had once kept a sharp look-out.  It had formerly been my endeavour to study all sides of his character: to take the bad with the good; and from the just weighing of both, to form an equitable judgment.  Now I saw no bad.  The sarcasm that had repelled, the harshness that had startled me once, were only like keen condiments in a choice dish: their presence was pungent, but their absence would be felt as comparatively insipid.  And as for the vague something — was it a sinister or a sorrowful, a designing or a desponding expression? — that opened upon a careful observer, now and then, in his eye, and closed again before one could fathom the strange depth partially disclosed; that something which used to make me fear and shrink, as if I had been wandering amongst volcanic-looking hills, and had suddenly felt the ground quiver and seen it gape: that something, I, at intervals, beheld still; and with throbbing heart, but not with palsied nerves.  Instead of wishing to shun, I longed only to dare — to divine it; and I thought Miss Ingram happy, because one day she might look into the abyss at her leisure, explore its secrets and analyse their nature.
En estas reflexiones prescindía de los aspectos malos del carácter de Rochester. Su desagradable sarcasmo, su dureza, me parecían picantes condimentos de un excelente manjar. Y si su presencia era en algún sentido ingrata, su ausencia hacia la vida insípida para mí. Consideraba dichosa a Miss Ingram, porque iba a poder asomarse a los abismos del carácter de aquel hombre y sondearlos.

Vistas estas diferencias (que algunas son bastante gordas) y sabiendo  lo que dijo el censor, se ha llegado a la conclusión que dichos cambios fueron obra el propio traductor o del editor de la novela.

Dicho todo esto, me resulta llamativo que esta traducción, sesgada y no demasiado fiel a la novela original, todavía se pueda encontrar hoy en día entre las estanterías de cualquier librería. Y aunque suceda esto con Jane Eyre, seguro hay más novelas que fueron traducidas en la época franquista que jamás se han vuelto a revisar.

Como nota positiva, la última reedición que ha publicado la editorial de Austral de la novela Jane Eyre, dentro de una colección de clásicos de estética similar, ya cuenta con otro traductor diferente, Alejandro Pareja. A pesar de haberse modernizado y de deshacerse de una traducción que contaba con numerosas lagunas y modificaciones, esta traducción tampoco es precisamente moderna, ya que se publicó por primera en 2001 en la colección Edaf Narrativa Bolsillo. Aún así, es una considerable mejoría respecto a lo que ya teníamos y espero que la mantengan en futuras reediciones.

Respecto a otras traducciones que se pueden encontrar en el mercado, destacan las de Elizabeth Power (Alianza, Cátedra) y la de Toni Hill (Penguin Clásicos, Random House), de los años 1996 y 2009 respectivamente. La reedición más moderna, a cargo de Ediciones B, publicada hace escasos meses, cuenta con la traducción de  Nuria González Esteban, que es en realidad también la traducción de Juan G. de Luaces, pero con otro nombre. Por lo que he podido ver, no es la primera vez que sucede algo así con esta peculiar traducción, ya que también se publicó bajo el nombre de E. Vergara (1979), Juan Alarcón Benito (1976) y J. Ribera (1973). Interesante práctica en el mundo de la traducción, ¿no os parece?

Expuesta ya toda esta información, mi intención es conocer un poco vuestra opinión al respecto. ¿Pensáis que está bien que todavía estén a nuestra disposición traducciones ya anticuadas o incluso censuradas? ¿Habéis comparado alguna vez la traducción de vuestra novela favorita con la versión original? ¿Sois de aquellas personas que le dais mucha importancia a la traducción o, en cambio, os conformáis con lo que hay? Contadme 🙂

Para saber más:

  • de Lima Grecco, Gabriela (2014). El control del libro durante el Primer Franquismo. Diálogos, 18, 1, 361-380.
  • Ortega, Marta (2013). Traducciones del franquismo en el mercadoliterario español contemporáneo: el caso de Jane Eyre de Juan G. de Luaces. Universidad de Barcelona.
  • Sitio web: Archive.org
  • Sitio web: Google books

 

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3 comentarios en “Traduciendo a Charlotte Brontë

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