Charlotte y Bruselas (5): carta del 18 de noviembre de 1845

cartas

Llegamos ya a la última carta conservada, escrita a finales de 1845. En la página web de la British Library se puede encontrar además la versión escaneada de esta carta, de la que os dejo unas imágenes a continuación. En ella podemos ver ya no solo la forma que tenía de escribir Charlotte, también se ve que en algunos pasajes la letra parece escrita con mucha fuerza, mostrando así físicamente el sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento. También es curioso ver como hasta el más mínimo trozo de  papel se aprovechaba en esa época y se usaba la propia carta como “sobre”. En cuanto al contenido, podemos ver que Charlotte se impuso a sí misma restricciones a la hora de escribirle, cosa llamativa.

18  de noviembre 1845.

Haworth
Bradford Yorkshire

Señor

Ya han pasado seis meses de silencio; estamos hoy a 18 de noviembre, mi última carta estaba fechada (creo) el 18 de mayo, puedo entonces escribirle de nuevo sin faltar a mi promesa.

El verano y el otoño me han parecido muy largos; a decir verdad me han hecho falta dolorosos esfuerzos para soportar hasta el momento presente la privación que me he impuesto. Usted no puede imaginarse qué es eso, usted, Señor, pero imagínese por un instante que uno de sus hijos esté separado de usted, a 160 lugares de distancia, y que deba permanecer seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin poder hablar, sin saber cómo se comporta, entonces podrá comprender fácilmente todo lo que hay de duro en una obligación de este tipo.

Le diré francamente que durante la espera he tratado de olvidarle, porque el recuerdo de una persona que se cree que no se va a volver a ver jamás y que, sin embargo, se estima tanto, fatiga demasiado el espíritu y cuando se ha sentido esa especie de inquietud durante uno o dos años, uno está dispuesto a todo para recuperar el reposo.

He hecho de todo, he tratado de mantenerme ocupada, me he prohibido totalmente el placer de hablar de usted, incluso a Emilie (Emily), pero no he podido vencer ni mis remordimientos ni mi impaciencia. Es humillante, no ser capaz de dominar los propios pensamientos, ser esclava de un lamento, de un recuerdo, esclava de una idea dominante y fija que tiraniza el espíritu. ¿Acaso no puedo yo tener yo por usted la misma amistad que usted tiene por mí, ni más ni menos? Entonces estaría tan tranquila, tan libre, podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo.

Mi padre va bien pero su vista casi ha desaparecido, ya no puede ni leer ni escribir y sin embargo los médicos opinan que todavía hay que esperar algunos meses antes de intentar operarle. El invierno no será para él mas que una larga noche, rara vez se queja, admiro su paciencia. Si la Providencia me tiene asignado el mismo destino, ojalá me pueda dar también la misma paciencia para soportarlo. Me parece, señor, que lo más amargo de los grandes males físicos es tener que estar obligado a compartirlo con todos los que nos rodean. Se pueden esconder las enfermedades del alma pero aquellas que afecta al cuerpo y destruyen las facultades no se pueden esconder. Mi padre me permite ahora leer y escribir por él, así me muestra mucha más confianza de la que jamás me ha mostrado, lo que es un gran consuelo.

Señor, tengo un favor que pedirle. Cuando responda a esta carta hábleme de usted, no de mí, ya que sé que si me habla de mí será para regañarme y, esta vez, me gustaría ver su lado benévolo. Hábleme entonces de sus hijos, nunca tenía la frente fruncida cuando tenía cerca a Louise y a Claire y a Prosper. Dígame algo sobre el Pensionnat, sobre las alumnas y profesoras. ¿Las señoritas Blanche, Sophie y Justine todavía están en Bruselas? Dígame donde ha ido durante las vacaciones, ¿Acaso no ha estado en las orillas del Rin? ¿No ha visitado Cologne o Coblentz? Dígame lo que quiera, maestro, pero dígame algo. Escribir a hasta ahora una maestra auxiliar (no, no quiero recordar mi empleo como maestra auxiliar, lo repudio), pero escribir a una antigua alumna no puede ser una ocupación muy interesante para usted, lo sé, pero para mí significa la vida. Su última carta me ha servido de sustento, de alimento durante seis meses, ahora necesito otra y me la dará, no porque sienta amistad por mí, porque no debe de sentir mucha, pero porque tiene un alma compasiva y porque no condenaría a nadie a largos sufrimientos para evitarse unos instantes de molestia. Prohibirme a mí misma escribirle, negarse a responder no sería más que arrancar la única alegría que tengo en el mundo, privarme de mi último privilegio, un privilegio al que no renunciaría jamás voluntariamente. Créame, maestro, al escribirme está haciendo una buena obra, mientras yo le vea contento conmigo, mientras tenga esperanza de recibir noticias de usted puedo estar tranquila y no demasiado triste; pero cuando un silencio sombrío y prolongado parece advertirme de la lejanía de mi maestro de mí, cuando día tras día espero una carta y que día tras día la decepción me devuelve a mi dolorosa miseria, cuando la dulce alegría de ver su escritura, de leer sus consejos me rehúye como una vana visión, entonces, me sube la fiebre, pierdo el apetito y no duermo, me consumo.

¿Puedo volver a escribirle el próximo mes de mayo? Me hubiera gustado poder esperar todo un año, pero es imposible, es demasiado tiempo.

C Brontë

(fragmento en inglés) Debo decirle unas palabras en inglés – ojalá pudiera escribir cartas más alegres, porque cuando relea esta, pensaré que es más bien melancólica. Pero perdóneme mi querido maestro, no se irrite por mi tristeza, según las palabras de la Biblia “De la plenitud del corazón, la boca habla” y pienso que es realmente complicado estar alegre si no le voy a volver a ver nunca más. Notará por los errores de esta carta que estoy olvidando el francés, aún así leo todos los libros en francés que puedo conseguir, me aprendo de memoria un pasaje al día, pero desde que me marché de Bruselas no he vuelto a escuchar hablar francés, y entonces sonaba como música para mis oídos. Cada palabra era preciada para mí porque me recordaba a usted, amo el francés por su bien con todo mi corazón y mi alma. Adiós mi querido maestro, que Dios le proteja con especial cuidado y le llene de bendiciones.

Traduciendo a Charlotte Brontë

Ya comenté en Book Eater que me había apuntado a una iniciativa llamada Adopta una autora, que consiste en dar a conocer la vida y obra de una escritora en particular, y esta entrada pretende ser la primera de mis aportaciones a este proyecto (podéis ver la web oficial aquí y cotillear qué otras autoras han sido adoptadas). Aviso que va a ser una entrada un poco larga, pero espero que aguantéis hasta el final porque considero que es muy interesante.

Lejos de ser una persona experta en el tema,mi intención hoy es hablaros, en parte, de cómo la traducción de una novela puede influir en la lectura y para ello he querido tomar como ejemplo la novela Jane Eyre. Hace unos meses ya comparé algunas diferencias entre las distintas traducciones existentes de la novela a través de un fragmento que escogí.

“I tell you I must go!’ I retorted, roused to something like passion. “Do you think I can stay to become nothing to you? Do you think I am an authomaton? – a machine without feelings? and can bear to have my morsel of bread snatched from my lips, and my drop of living water dashed from my cup? Do you think, because I am poor, obscure, plain, and little, I am soulless and heartless? You think wrong! – I have as much soul as you – and full as much heart! And if God had gifted me with some beauty and much wealth, I should have made it as hard for you to leave me, as it is now for me to leave you.

Podéis ver la traducción al castellano de las distintas ediciones que podéis encontrar ahora mismo a la venta en esta entrada que hice hace escasas semanas usando como punto de comparación las primeras líneas de la novela y la otra que hice en Book Eater con el fragmento de arriba. Una vez comentado esto, pasemos realmente a lo que va a ser el tema central de la entrada.

Jane Eyre fue publicado originalmente en octubre de 1847 en inglés, y la primera traducción al castellano que existe, titulada Juana Eyre, memorias de una aya, fue publicada entre 1850 y 1851 en por la Imprenta del Diario de la Marina (La Habana, Cuba). Eso sí, no estamos ante una traducción de la novela completa, es una adaptación de una traducción francesa que se publicó por primera vez en 1849  (y que podéis leer aquí íntegra gracias a Google books).

obrateatroPocos años después, en 1869, se publicó una obra de teatro titulada Juana Eyre: drama en cuatro actos y un prólogo, que se puede leer íntegramente ya que fue digitalizada recientemente. Si tenéis curiosidad, la podéis leer online en este enlace o en este otro  e incluso descargarla en PDF de aquí o de aquí. También podéis leer mi reseña de la obra te atro en este enlace. Sin embargo, no fue hasta 1889 cuando la novela como tal fue traducida por primera vez al castellano, por Leopoldo Terrero, con el título de Juana Eyre (y por apenas 1€ podéis leer en formato electrónico esta edición).

La siguiente edición que se conoce es ya de principios del siglo XX, concretamente una de ellas (también con el título de Juana Eyre, qué manía) es de 1928 y fue publicada por la editorial Mentora (esta es la preciosa portada, por si os queréis asustar un poco). A partir de esta fecha, distintas editoriales se fueron animando a publicar la novela, tanto en formato  libro como en formato revista. Damos un salto hasta la edición de Aguilar, dentro de su colección Crisol, donde Jane Eyre es el número 198 de una larga serie reconocible casi al instante por su color y tamaño. También podéis encontrar en esta misma colección las obras de sus hermanas Cumbres borrascosas y Inés Grey (sí, Inés).

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Como curiosidad, la novela, además de haber sido publicada con el nombre de los protagonistas traducidosal castellano, también sufrió otros horrores, como por ejemplo, el cambio de título. Circulan unas cuantas versiones que llevan como título Almas rebeldes, y no, yo tampoco lo entiendo, pero ahí están.

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Dando un salto hasta la actualidad, de todas las ediciones modernas que podéis encontrar a la venta, yo desde luego prefiero la que ha sido traducida por Carmen Martín Gaite, que tal vez se aleja un poco del texto real en algunos puntos, tirando más hacia lo poético y hacia la re interpretación, que ahora mismo está disponible en distintos formatos. Eso sí, otra de las traducciones que abundan es la de Juan G. De Luaces, del sello Austral, y es en la que me quería centrar aprovechando que fue también la que más destacó por “rara” en las entradas de comparación de traducciones que he mencionado al principio. Esta traducción vio la luz en 1943, y desde entonces ha llovido mucho.

Por lo que he podido leer, hay nada más ni menos que 38 reediciones de la obra que han utilizado esta traducción, distribuidas a lo largo de los últimos años, 9 de ellas publicadas entre los años 2000 y 2012. Una de las características principales es que la traducción se publicó por primera vez durante la época franquista, lo que conlleva no pocos desafíos. El primero de todos es que las obras debían pasar por un censor. El editor del libro le entregaba un ejemplar a la Dirección General de Propaganda, solicitando el permiso de impresión. Esta obra era leída por un censor, que redactaba un informe donde la valoraba, tachaba lo que procediera y se le devolvía al editor. Como imagino que tendréis ganas de saberlo, os dejo lo que puso en su informe:

“Una buena novela en la que se narra la vida de una muchacha huérfana, sus sufrimientos y sus luchas por conseguir un medio de vida decoroso. Es completamente moral pero como obra inglesa, toda su acción se desenvuelve dentro de la religión protestante.”

Para aquellos que sientan curiosidad, hay disponible una página web que compara la versión original en inglés con dicha traducción, párrafo a párrafo, por lo que es bastante fácil ver dónde se han producido ciertos cambios, matices, donde se han suavizado expresiones o incluso se han eliminado por completo ciertas frases. Por ejemplo, os pongo a continuación un ejemplo llamativo  de “censura” o simplificación del texto original.

But in other points, as well as this, I was growing very lenient to my master: I was forgetting all his faults, for which I had once kept a sharp look-out.  It had formerly been my endeavour to study all sides of his character: to take the bad with the good; and from the just weighing of both, to form an equitable judgment.  Now I saw no bad.  The sarcasm that had repelled, the harshness that had startled me once, were only like keen condiments in a choice dish: their presence was pungent, but their absence would be felt as comparatively insipid.  And as for the vague something — was it a sinister or a sorrowful, a designing or a desponding expression? — that opened upon a careful observer, now and then, in his eye, and closed again before one could fathom the strange depth partially disclosed; that something which used to make me fear and shrink, as if I had been wandering amongst volcanic-looking hills, and had suddenly felt the ground quiver and seen it gape: that something, I, at intervals, beheld still; and with throbbing heart, but not with palsied nerves.  Instead of wishing to shun, I longed only to dare — to divine it; and I thought Miss Ingram happy, because one day she might look into the abyss at her leisure, explore its secrets and analyse their nature.
En estas reflexiones prescindía de los aspectos malos del carácter de Rochester. Su desagradable sarcasmo, su dureza, me parecían picantes condimentos de un excelente manjar. Y si su presencia era en algún sentido ingrata, su ausencia hacia la vida insípida para mí. Consideraba dichosa a Miss Ingram, porque iba a poder asomarse a los abismos del carácter de aquel hombre y sondearlos.

Vistas estas diferencias (que algunas son bastante gordas) y sabiendo  lo que dijo el censor, se ha llegado a la conclusión que dichos cambios fueron obra el propio traductor o del editor de la novela.

Dicho todo esto, me resulta llamativo que esta traducción, sesgada y no demasiado fiel a la novela original, todavía se pueda encontrar hoy en día entre las estanterías de cualquier librería. Y aunque suceda esto con Jane Eyre, seguro hay más novelas que fueron traducidas en la época franquista que jamás se han vuelto a revisar.

Como nota positiva, la última reedición que ha publicado la editorial de Austral de la novela Jane Eyre, dentro de una colección de clásicos de estética similar, ya cuenta con otro traductor diferente, Alejandro Pareja. A pesar de haberse modernizado y de deshacerse de una traducción que contaba con numerosas lagunas y modificaciones, esta traducción tampoco es precisamente moderna, ya que se publicó por primera en 2001 en la colección Edaf Narrativa Bolsillo. Aún así, es una considerable mejoría respecto a lo que ya teníamos y espero que la mantengan en futuras reediciones.

Respecto a otras traducciones que se pueden encontrar en el mercado, destacan las de Elizabeth Power (Alianza, Cátedra) y la de Toni Hill (Penguin Clásicos, Random House), de los años 1996 y 2009 respectivamente. La reedición más moderna, a cargo de Ediciones B, publicada hace escasos meses, cuenta con la traducción de  Nuria González Esteban, que es en realidad también la traducción de Juan G. de Luaces, pero con otro nombre. Por lo que he podido ver, no es la primera vez que sucede algo así con esta peculiar traducción, ya que también se publicó bajo el nombre de E. Vergara (1979), Juan Alarcón Benito (1976) y J. Ribera (1973). Interesante práctica en el mundo de la traducción, ¿no os parece?

Expuesta ya toda esta información, mi intención es conocer un poco vuestra opinión al respecto. ¿Pensáis que está bien que todavía estén a nuestra disposición traducciones ya anticuadas o incluso censuradas? ¿Habéis comparado alguna vez la traducción de vuestra novela favorita con la versión original? ¿Sois de aquellas personas que le dais mucha importancia a la traducción o, en cambio, os conformáis con lo que hay? Contadme 🙂

Para saber más:

  • de Lima Grecco, Gabriela (2014). El control del libro durante el Primer Franquismo. Diálogos, 18, 1, 361-380.
  • Ortega, Marta (2013). Traducciones del franquismo en el mercadoliterario español contemporáneo: el caso de Jane Eyre de Juan G. de Luaces. Universidad de Barcelona.
  • Sitio web: Archive.org
  • Sitio web: Google books

 

Reto de lectura 2017

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Como ya viene sucediendo muchos años en Book Eater, en esta ocasión quiero empezar el año 2017 con un reto de lectura enfocado en Jane Eyre. Este reto consistirá leer (y posiblemente reseñar en este blog) seis de los múltiples libros que aparecen mencionados en Jane Eyre.  De algunos se menciona apenas el título o el autor, de otros aparecen frases citadas en mitad de las conversaciones entre los personajes, pero estos seis aparecen de una forma o de otra en el texto.

Los títulos elegidos son los siguientes:

  • El paraíso perdido de John Milton
  • La tempestad de Shakespeare — Leído 03/01/2017
  • Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift
  • Rey Lear de Shakespeare
  • El rey Juan de Shakespeare
  • Los bandidos de Fredrich Schiller

 

Además de intentar leer estos seis libros, también voy a darle una oportunidad a History of British Birds, de Thomas Bewick, aunque este dependerá un poco de qué edición encuentre por ahí.

Obviamente no espero que nadie se apunte a este reto de lectura, que para eso organizo otros mucho más tentadores y “normales” en mi otro blog, pero espero que os guste la idea y os llame la atención lo suficiente como para querer saber algo más de estos libros.

Inauguración del blog

Hola y bienvenido a este nuevo proyecto.

Si has llegado hasta aquí es, probablemente, porque ya me conocías de antes. Desde el año 2009 soy la administradora del blog Book Eater y en ese espacio me he dedicado a promover la lectura y a hablar sobre los libros que he ido leyendo con el paso del tiempo. Como no, Jane Eyre también ha formado parte de esa historia y después de darle muchas vueltas he decidido que se merecía tener un espacio propio. jane_eyre_title_page

Jane Eyre, novela escrita por Charlotte Brontë en 1847, supuso un antes y un después en mi vida lectora. Desde que tuve el placer de conocer a Jane, sus vivencias y relaciones con los distintos personajes de la novela, quedé sencillamente enamorada de la historia. Es una novela potente, desgarradora a partes, con unos personajes que van más allá del papel y que ha servido como fuente de inspiración para muchos.

Mi intención con este blog es dar a conocer más esta novela, las ediciones existentes en distintos idiomas, las adaptaciones al cine o a la pequeña pantalla, las distintas interpretaciones que se han ido haciendo a lo largo del tiempo  y básicamente cualquier cosa que entre dentro del amplio universo de Jane Eyre. Soy consciente de que probablemente no haya demasiadas personas que busquen tanto detalle como para seguir el progreso del blog día a día o semana tras semana, pero pretendo que, si alguien en un futuro quiera buscar alguna referencia concreta a una obra o a un estudio que verse sobre esta novela, pueda encontrarlo aquí.

Esta es la primera vez que utilizo la plataforma WordPress para un blog pero pienso que era el formato más adecuado para lo que tengo intención de hacer. Por ello, pido disculpas con antelación ya que está todavía en construcción y seguro que hay algún apartado o sección que no está disponible a día de hoy.

Sin mucho más que decir, os invito a hacerme compañía en esta nueva casa y esperemos que sea una aventura larga y fructífera para todos.