Citas de Jane Eyre (13)

– Adiós, señor Rochester. Hasta pronto. 
– ¿Y qué debo decir yo?
– Lo mismo, señor, si le parece oportuno. 
– Adiós, señorita Eyre. Hsata pronto. ¿Eso es todo?
– Sí. 
– Me parece seco, doloroso y austero. Me gustaría añadir algo más a este rito. Un apretón de manos… Pero no, tampoco me convence. ¿Así que nos despedimos con un simple “adiós”, Jane?
– Es suficiente, señor: una sola palabra puede contener más buenos deseos que cientos de ellas. 

Jane Eyre, Charlotte Brontë
vol 2. ch. 6
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Citas de Jane Eyre (12)

¡Qué extraños son los presentimientos! Lo mismo sucede con las simpatías espontáneas y las señales de que algo va a suceder: las tres cosas forman un  misterio indescifrable para la humanidad. Nunca me he reído de los presagios porque yo misma los he tenido. Y creo que existe ese ententimiento inexplicable (…) cuyos efectos superan la capacidad de comprensión del ser humano. Las señales, hasta donde sabemos, podrían ser una expresión de simpatía de la naturaleza hacia el hombre. 

Jane Eyre, Charlotte Brontë
vol 2. ch. 6

Citas de Jane Eyre (11)

Por si le interesa, está usted en una posición muy peculiar: muy cerca de la felicidad. Sí, la tiene a su alcance. Todos los materiales están listos, solo se requiere un movimiento que los combine. El azar los ha dispersado un poco: si deja que se unan, el resultado será muy beneficioso. 

Jane Eyre, Charlotte Brontë
vol. 2, ch. 4.

Citas de Jane Eyre (9)

– Me mira usted con suma atención, señorita Eyre – dijo -.  ¿Acaso me encuentra atractivo? 
De haberlo pensado antes, estoy segura de que habría ideado una respuesta conforme a lo que mandan los buenos modales, pero las palabras se escaparon de mis labios antes de que fuera consciente de ellas. 
– No, señor. 

Jane Eyre, Charlotte Brontë
vol. 1., ch. 14.

 

Citas de Jane Eyre (8)

Se supone que las mujeres aspiran a la calma, pero lo cierto es que mujeres y hombres comparten los mismos sentimientos. Ellas, al igual que sus hermanos, también necesitan ejercitar sus facultades y un campo donde poder concentrar sus esfuerzos. (…) Es injusto criticarlas o reírse de sus empeños por llegar más allá, por aprender cosas que la costumbre les ha negado, tachándolas de innecesarias para las de su sexo. 

Jane Eyre, Charlotte Brontë
vol. 1, ch. 12.