Proyecto Jane Eyre anotado – v01ch03

¡Hola a todos!000_Portada_LQ

Para empezar el mes de septiembre con buen pie, os traigo el tercer capítulo del proyecto Jane Eyre Anotado, espero que os guste 🙂

Como podéis ver el ritmo con le que voy colgando los capítulos es bastante lento (y me disculpo por ello) pero gran parte de mi problema es que aunque tenga ya preparadas las anotaciones de más o menos media novela, tengo que ir traduciendo el texto y eso ralentiza todo mucho. En los próximos meses quiero darle un buen empujón a las anotaciones y a ver si con algo de suerte este pequeño proyecto se acabe transformado en algo más.

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Proyecto Jane Eyre anotado – v01ch02

¡Hola a todos!000_Portada_LQ

Después de la gran acogida que tuvo el primer capítulo de la edición anotada de Jane Eyre de Charlotte Brontë que estoy haciendo en mis ratos libres, hoy por fin os traigo el segundo capítulo, de nuevo con todo el texto en español.

 

Espero que os guste tanto como el anterior 🙂

 

 

Proyecto Jane Eyre Anotado – Presentación

¡Hola a todos!

Desde más o menos el mes de diciembre, a raíz de una conversación de twitter, se me encendió una pequeña bombilla que va a cambiar mi forma de ver Jane Eyre para siempre (o al menos un poco).

Cada novela se empapa de todo lo que la rodea en el momento en el que se escribe, las referencias que pueden aparecer en el texto son las propias del momento y lugar, de las experiencias vividas u oídas por los autores, las costumbres de la época, etc. Todos tenemos claro que en una novela escrita en las dos o tres últimas décadas nos vamos a encontrar con referencias conocidas, de hecho es incluso un elemento que se emplea bastante en algunos géneros donde aparecen menciones a cantantes, películas o series de TV. ¿Pero qué sucede si viajamos un poco en el tiempo? Algunas referencias más o menos se van a matener, el cielo sigue siendo más o menos el mismo, aunque ahora lo atraviese un avión de vez en cuando y en el siglo XIX no, pero hay otras que quedan perdidas en el olvido, que en su momento fueron muy populares o conocidas pero que ahora no nos suenan de nada.

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Mi pequeña bombilla se encendió al  hablar de ediciones anotadas, concretamente de las ediciones anotadas que existen de las novelas de Jane Austen, que no son precisamente pocas, y curiosamente, una cosa llevó a la otra y descubrí que no existe a día de hoy ninguna edición anotada de Jane Eyre. Hay ediciones con algunos ensayos al principio o al final, de una persona que comenta algo concreto, pero no hay ninguna edición que, digamos, acompañe el texto de anotaciones. Pero eso va a cambiar (o al menos eso quiero intentar).

 

Llevo ya bastante tiempo leyendo libros y artículos en distintas revistas, rebuscando cosas muy concretas, cotilleando páginas webs sobre la época victoriana, y me he dado cuenta de que mi frikismo y obsesión tal vez pueda servirme de base para embarcarme en un proyecto que ahora mismo me hace mucha ilusión, hacer la primera edición anotada de Jane EyreClaro está, tal vez algunos piensen que no soy ni la persona más lista ni tal vez la más adecuada para hacer algo así, pero yo creo que con esfuerzo, ilusión y bastantes horas podría llegar a hacer algo de lo que sentirme, al menos, orgullosa. Siempre habrá cosas que se puedan mejorar, siempre habrá otras cosas que se pueden comentar, pero esta es también mi visión personal de la novela.

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Por ello quiero compartir con vosotros el primer capítulo anotado de la novela Jane Eyre de Charlotte Brontë. Al no haber ninguna traducción al castellano libre de derechos, en este primer capítulo me he animado a hacerla yo misma (puede haber errores, que no soy traductora ni mucho menos) pero en realidad tengo ya los diez primeros capítulos anotados, o al menos un borrador, porque cada vez que los repaso se me ocurren cosas nuevas que añadir. Por eso tampoco me atrevo a decir que esta versión del primer capítulo sea la definitiva, pero por algún sitio quería empezar.

Además de encontrar en ese archivo el primer capítulo, hay también una pequeña sección extra porque quería incluir unos pocos detalles más de cosas que se mencionan. Algunos notaréis que también menciono algunas referencias a lo largo de los comentarios, esas referencias de textos que voy empleando las estoy recopilando en un archivo distinto y hasta que no esté un poco más completo no he creído conveniente incluirlas en el archivo.

Sin mucho más que decir, espero que os guste la idea y estoy dispuesta a aceptar cualquier tipo de comentario o crítica, tanto de sugerencias del tipo de comentarios que os gustaría leer (sobre la época, sobre la autora, sobre la influencia de otras obras en Jane Eyre, etc) como a cualquier otra cosa que se os ocurra. Lógicamente también me gustaría saber si os parece interesante este proyecto, o una completa locura, y si os importaría que el texto estuviera en inglés, más que nada por ahorrarme trabajo de traducirlo al castellano, que llevaría mucho tiempo y además no es mi oficio.

Charlotte y Bruselas (5): carta del 18 de noviembre de 1845

cartas

Llegamos ya a la última carta conservada, escrita a finales de 1845. En la página web de la British Library se puede encontrar además la versión escaneada de esta carta, de la que os dejo unas imágenes a continuación. En ella podemos ver ya no solo la forma que tenía de escribir Charlotte, también se ve que en algunos pasajes la letra parece escrita con mucha fuerza, mostrando así físicamente el sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento. También es curioso ver como hasta el más mínimo trozo de  papel se aprovechaba en esa época y se usaba la propia carta como “sobre”. En cuanto al contenido, podemos ver que Charlotte se impuso a sí misma restricciones a la hora de escribirle, cosa llamativa.

18  de noviembre 1845.

Haworth
Bradford Yorkshire

Señor

Ya han pasado seis meses de silencio; estamos hoy a 18 de noviembre, mi última carta estaba fechada (creo) el 18 de mayo, puedo entonces escribirle de nuevo sin faltar a mi promesa.

El verano y el otoño me han parecido muy largos; a decir verdad me han hecho falta dolorosos esfuerzos para soportar hasta el momento presente la privación que me he impuesto. Usted no puede imaginarse qué es eso, usted, Señor, pero imagínese por un instante que uno de sus hijos esté separado de usted, a 160 lugares de distancia, y que deba permanecer seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin poder hablar, sin saber cómo se comporta, entonces podrá comprender fácilmente todo lo que hay de duro en una obligación de este tipo.

Le diré francamente que durante la espera he tratado de olvidarle, porque el recuerdo de una persona que se cree que no se va a volver a ver jamás y que, sin embargo, se estima tanto, fatiga demasiado el espíritu y cuando se ha sentido esa especie de inquietud durante uno o dos años, uno está dispuesto a todo para recuperar el reposo.

He hecho de todo, he tratado de mantenerme ocupada, me he prohibido totalmente el placer de hablar de usted, incluso a Emilie (Emily), pero no he podido vencer ni mis remordimientos ni mi impaciencia. Es humillante, no ser capaz de dominar los propios pensamientos, ser esclava de un lamento, de un recuerdo, esclava de una idea dominante y fija que tiraniza el espíritu. ¿Acaso no puedo yo tener yo por usted la misma amistad que usted tiene por mí, ni más ni menos? Entonces estaría tan tranquila, tan libre, podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo.

Mi padre va bien pero su vista casi ha desaparecido, ya no puede ni leer ni escribir y sin embargo los médicos opinan que todavía hay que esperar algunos meses antes de intentar operarle. El invierno no será para él mas que una larga noche, rara vez se queja, admiro su paciencia. Si la Providencia me tiene asignado el mismo destino, ojalá me pueda dar también la misma paciencia para soportarlo. Me parece, señor, que lo más amargo de los grandes males físicos es tener que estar obligado a compartirlo con todos los que nos rodean. Se pueden esconder las enfermedades del alma pero aquellas que afecta al cuerpo y destruyen las facultades no se pueden esconder. Mi padre me permite ahora leer y escribir por él, así me muestra mucha más confianza de la que jamás me ha mostrado, lo que es un gran consuelo.

Señor, tengo un favor que pedirle. Cuando responda a esta carta hábleme de usted, no de mí, ya que sé que si me habla de mí será para regañarme y, esta vez, me gustaría ver su lado benévolo. Hábleme entonces de sus hijos, nunca tenía la frente fruncida cuando tenía cerca a Louise y a Claire y a Prosper. Dígame algo sobre el Pensionnat, sobre las alumnas y profesoras. ¿Las señoritas Blanche, Sophie y Justine todavía están en Bruselas? Dígame donde ha ido durante las vacaciones, ¿Acaso no ha estado en las orillas del Rin? ¿No ha visitado Cologne o Coblentz? Dígame lo que quiera, maestro, pero dígame algo. Escribir a hasta ahora una maestra auxiliar (no, no quiero recordar mi empleo como maestra auxiliar, lo repudio), pero escribir a una antigua alumna no puede ser una ocupación muy interesante para usted, lo sé, pero para mí significa la vida. Su última carta me ha servido de sustento, de alimento durante seis meses, ahora necesito otra y me la dará, no porque sienta amistad por mí, porque no debe de sentir mucha, pero porque tiene un alma compasiva y porque no condenaría a nadie a largos sufrimientos para evitarse unos instantes de molestia. Prohibirme a mí misma escribirle, negarse a responder no sería más que arrancar la única alegría que tengo en el mundo, privarme de mi último privilegio, un privilegio al que no renunciaría jamás voluntariamente. Créame, maestro, al escribirme está haciendo una buena obra, mientras yo le vea contento conmigo, mientras tenga esperanza de recibir noticias de usted puedo estar tranquila y no demasiado triste; pero cuando un silencio sombrío y prolongado parece advertirme de la lejanía de mi maestro de mí, cuando día tras día espero una carta y que día tras día la decepción me devuelve a mi dolorosa miseria, cuando la dulce alegría de ver su escritura, de leer sus consejos me rehúye como una vana visión, entonces, me sube la fiebre, pierdo el apetito y no duermo, me consumo.

¿Puedo volver a escribirle el próximo mes de mayo? Me hubiera gustado poder esperar todo un año, pero es imposible, es demasiado tiempo.

C Brontë

(fragmento en inglés) Debo decirle unas palabras en inglés – ojalá pudiera escribir cartas más alegres, porque cuando relea esta, pensaré que es más bien melancólica. Pero perdóneme mi querido maestro, no se irrite por mi tristeza, según las palabras de la Biblia “De la plenitud del corazón, la boca habla” y pienso que es realmente complicado estar alegre si no le voy a volver a ver nunca más. Notará por los errores de esta carta que estoy olvidando el francés, aún así leo todos los libros en francés que puedo conseguir, me aprendo de memoria un pasaje al día, pero desde que me marché de Bruselas no he vuelto a escuchar hablar francés, y entonces sonaba como música para mis oídos. Cada palabra era preciada para mí porque me recordaba a usted, amo el francés por su bien con todo mi corazón y mi alma. Adiós mi querido maestro, que Dios le proteja con especial cuidado y le llene de bendiciones.

Charlotte y Bruselas (4): carta del 8 de enero de 1845

 

cartas

En esta tercera carta ya se empieza a ver claramente la desesperación de Charlotte, tanto que incluso hay algunos fragmentos que han sido tachados. Aunque ya dije al principio que las cartas no habían sido traducidas al castellano hasta el momento, sí es cierto que precisamente  esta carta aparece en el libro Grandes cartas de amor publicado por La esfera de libros. Aún así, la traducción que aquí aparece es cosecha propia, basada en la versión original escrita en francés. Sirva esta siguiente carta como preludio para el “gran final”, donde tenemos alguna que otra sorpresa reservada.

8 de enero de 1845

Haworth – Bradford – Yorkshire

El Sr. Taylor regresó, le pregunté si tenía alguna carta para mí –“No, ninguna.”. “Paciencia”, pensé, “su hermana regresará pronto”. La señorita Taylor regresó, “No tengo nada para usted de parte del Señor Heger” dijo ella “ni carta ni mensaje”.

Habiendo comprendido bien esas palabras me dije a mi misma lo que le hubiera dicho a cualquiera en una situación parecida, “Tienes que renunciar y, sobre todo, no afligirte a causa de una desgracia que no mereces”. Me he esforzado en no llorar y en no quejarme.

Pero cuando uno no se queja y cuando uno desea dominarse a sí mismo como si fuera un tirano, las facultades se rebelan y se paga la calma exterior con una lucha interior casi insoportable.

Día y noche no encuentro ni reposo ni paz, si duermo tengo pesadillas donde le veo a usted, siempre severo, siempre sombrío e irritado conmigo.

Discúlpeme entonces Señor si tomo la iniciativa de escribirle de nuevo. ¿Cómo puedo soportar la vida si no hago un esfuerzo para tratar de aliviar el sufrimiento?

Sé que perderá la paciencia cuando lea esta carta. De nuevo pensará que estoy exaltada, que tengo pensamientos oscuros, etc. Que así sea Señor, no busco justificarme, me someto a todo tipo de reproches, todo lo que sé es que no puedo, que no quiero, resignarme a perder por completo la amistad con mi maestro. Preferiría sufrir los más grandes dolores físicos que tener siempre el corazón lacerado por amargos remordimientos. Si mi maestro me retira por completo su amistad quedaré totalmente devastada, si me da un poco, aunque sea muy poco, estaré contenta, feliz, tendré un motivo para para poder seguir viviendo, para seguir trabajando.

Señor, los pobres no necesitan gran cosa para poder vivir. No piden más que las migajas de pan que caen de la mesa de los ricos, pero si se les niega incluso esas migas de pan, se mueren de hambre. Yo tampoco necesito mucho afecto por la parte de aquellos a los que amo, no sabría qué hacer con una amistad entera y completa, no estoy acostumbrada, pero usted mostró, hace tiempo, un poco de interés cuando yo era su alumna en Bruselas y quiero conservar ese poco interés, me aferro a él como me aferro a la vida misma.

Usted me dirá tal vez: ”No me interesa ya lo más mínimo Señorita Charlotte, ya no está usted en mi casa, os he olvidado.” Pues bien Señor, dígamelo entonces francamente, será para mí una conmoción, pero siempre será menos horrible que la incertitud.

No quiero releer esta carta, la envío tal y como la he escrito, sin embargo tengo la sensación de que habría personas frías y racionales que dirían al leerla “ella está delirando”. Como única venganza les deseo a esas personas tener un solo día los tormentos que yo he sufrido desde hace ocho meses, veríamos entonces si ellos mismos no delirarían.

Se sufre en silencio mientras se tiene fuerza y cuando las fuerzas faltan se habla (algo tachado) sin medir mucho las palabras.

(tachado: no tengo necesidad de desearle felicidad y prosperidad, ya goza de ella).

Le deseo al Señor felicidad y prosperidad.
CB.

Charlotte y Bruselas (3): Carta del 24 de octubre de 1844

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Siguiendo con la segunda carta que Charlotte le escribió a Héger, donde se puede ver como la ansiedad va abriéndose paso al no recibir respuesta por su parte a pesar de que todavía hay cierto optimismo en sus palabras. Es también una carta mucho más breve pero muy intensa, así que sin mucho más que decir, os dejo disfrutar de ella.

24 de octubre de 1844

Haworth

Señor

Estoy muy feliz esta mañana, cosa que no me sucede con demasiada frecuencia en los dos últimos años, y es porque un señor que conozco va a ir a Bruselas y me ha ofrecido hacerse cargo de una carta para usted. La carta se la dará él mismo, o su hermana, de forma que así estaré segura de que llega a vuestro poder.

No voy a escribir una carta muy larga, primero porque no tengo tiempo, porque tiene que salir lo antes posible, y después por miedo a aburrirle. Me gustaría solamente preguntarle si ha recibido noticias mías al principio del mes de mayo y después en el mes de agosto. Hace seis meses que espero una carta suya, seis meses de espera es mucho tiempo. Sin embargo no me molestaría y sería ricamente recompensada a cambio de esa pequeña pena si me escribiera ahora una carta y se la diera a ese señor, o a su hermana, que me la entregaran sin falta.

Por corta que sea la carta estaré satisfecha, no olvide solamente decirme como se encuentra usted como se encuentran su mujer y sus hijos, y como están las profesoras y alumnos.

Mi padre y mi hermana le presentan sus respetos, la enfermedad de mi padre aumenta poco a poco, aun así todavía no está del todo ciego. Mis hermanas se comportan bien pero mi pobre hermano sigue aún enfermo.

Adiós Señor, espero recibir noticias suyas pronto. La idea me hace sonreír porque el recuerdo de sus bondades no se irá jamás de mi memoria y mientras duren esos recuerdos (el afecto) el respeto que me ha inspirado también durará.

Vuestra muy devota alumna,

C Brontë

Acabo de mandar encuadernar todos los libros que me dio usted mientras aún estaba en Bruselas. Me produce un profundo placer contar con ellos, forman una pequeña biblioteca entre todos. Primero están las obras completas de Bernardin St. Pierre, Les pensées de Pascal, un libro de poesía, dos libros alemanes y (lo que vale más que el resto) dos discursos del Señor Profesor Heger, pronunciados en la entrega de premios del Ateneo Real.