Charlotte y Bruselas (5): carta del 18 de noviembre de 1845

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Llegamos ya a la última carta conservada, escrita a finales de 1845. En la página web de la British Library se puede encontrar además la versión escaneada de esta carta, de la que os dejo unas imágenes a continuación. En ella podemos ver ya no solo la forma que tenía de escribir Charlotte, también se ve que en algunos pasajes la letra parece escrita con mucha fuerza, mostrando así físicamente el sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento. También es curioso ver como hasta el más mínimo trozo de  papel se aprovechaba en esa época y se usaba la propia carta como “sobre”. En cuanto al contenido, podemos ver que Charlotte se impuso a sí misma restricciones a la hora de escribirle, cosa llamativa.

18  de noviembre 1845.

Haworth
Bradford Yorkshire

Señor

Ya han pasado seis meses de silencio; estamos hoy a 18 de noviembre, mi última carta estaba fechada (creo) el 18 de mayo, puedo entonces escribirle de nuevo sin faltar a mi promesa.

El verano y el otoño me han parecido muy largos; a decir verdad me han hecho falta dolorosos esfuerzos para soportar hasta el momento presente la privación que me he impuesto. Usted no puede imaginarse qué es eso, usted, Señor, pero imagínese por un instante que uno de sus hijos esté separado de usted, a 160 lugares de distancia, y que deba permanecer seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin poder hablar, sin saber cómo se comporta, entonces podrá comprender fácilmente todo lo que hay de duro en una obligación de este tipo.

Le diré francamente que durante la espera he tratado de olvidarle, porque el recuerdo de una persona que se cree que no se va a volver a ver jamás y que, sin embargo, se estima tanto, fatiga demasiado el espíritu y cuando se ha sentido esa especie de inquietud durante uno o dos años, uno está dispuesto a todo para recuperar el reposo.

He hecho de todo, he tratado de mantenerme ocupada, me he prohibido totalmente el placer de hablar de usted, incluso a Emilie (Emily), pero no he podido vencer ni mis remordimientos ni mi impaciencia. Es humillante, no ser capaz de dominar los propios pensamientos, ser esclava de un lamento, de un recuerdo, esclava de una idea dominante y fija que tiraniza el espíritu. ¿Acaso no puedo yo tener yo por usted la misma amistad que usted tiene por mí, ni más ni menos? Entonces estaría tan tranquila, tan libre, podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo.

Mi padre va bien pero su vista casi ha desaparecido, ya no puede ni leer ni escribir y sin embargo los médicos opinan que todavía hay que esperar algunos meses antes de intentar operarle. El invierno no será para él mas que una larga noche, rara vez se queja, admiro su paciencia. Si la Providencia me tiene asignado el mismo destino, ojalá me pueda dar también la misma paciencia para soportarlo. Me parece, señor, que lo más amargo de los grandes males físicos es tener que estar obligado a compartirlo con todos los que nos rodean. Se pueden esconder las enfermedades del alma pero aquellas que afecta al cuerpo y destruyen las facultades no se pueden esconder. Mi padre me permite ahora leer y escribir por él, así me muestra mucha más confianza de la que jamás me ha mostrado, lo que es un gran consuelo.

Señor, tengo un favor que pedirle. Cuando responda a esta carta hábleme de usted, no de mí, ya que sé que si me habla de mí será para regañarme y, esta vez, me gustaría ver su lado benévolo. Hábleme entonces de sus hijos, nunca tenía la frente fruncida cuando tenía cerca a Louise y a Claire y a Prosper. Dígame algo sobre el Pensionnat, sobre las alumnas y profesoras. ¿Las señoritas Blanche, Sophie y Justine todavía están en Bruselas? Dígame donde ha ido durante las vacaciones, ¿Acaso no ha estado en las orillas del Rin? ¿No ha visitado Cologne o Coblentz? Dígame lo que quiera, maestro, pero dígame algo. Escribir a hasta ahora una maestra auxiliar (no, no quiero recordar mi empleo como maestra auxiliar, lo repudio), pero escribir a una antigua alumna no puede ser una ocupación muy interesante para usted, lo sé, pero para mí significa la vida. Su última carta me ha servido de sustento, de alimento durante seis meses, ahora necesito otra y me la dará, no porque sienta amistad por mí, porque no debe de sentir mucha, pero porque tiene un alma compasiva y porque no condenaría a nadie a largos sufrimientos para evitarse unos instantes de molestia. Prohibirme a mí misma escribirle, negarse a responder no sería más que arrancar la única alegría que tengo en el mundo, privarme de mi último privilegio, un privilegio al que no renunciaría jamás voluntariamente. Créame, maestro, al escribirme está haciendo una buena obra, mientras yo le vea contento conmigo, mientras tenga esperanza de recibir noticias de usted puedo estar tranquila y no demasiado triste; pero cuando un silencio sombrío y prolongado parece advertirme de la lejanía de mi maestro de mí, cuando día tras día espero una carta y que día tras día la decepción me devuelve a mi dolorosa miseria, cuando la dulce alegría de ver su escritura, de leer sus consejos me rehúye como una vana visión, entonces, me sube la fiebre, pierdo el apetito y no duermo, me consumo.

¿Puedo volver a escribirle el próximo mes de mayo? Me hubiera gustado poder esperar todo un año, pero es imposible, es demasiado tiempo.

C Brontë

(fragmento en inglés) Debo decirle unas palabras en inglés – ojalá pudiera escribir cartas más alegres, porque cuando relea esta, pensaré que es más bien melancólica. Pero perdóneme mi querido maestro, no se irrite por mi tristeza, según las palabras de la Biblia “De la plenitud del corazón, la boca habla” y pienso que es realmente complicado estar alegre si no le voy a volver a ver nunca más. Notará por los errores de esta carta que estoy olvidando el francés, aún así leo todos los libros en francés que puedo conseguir, me aprendo de memoria un pasaje al día, pero desde que me marché de Bruselas no he vuelto a escuchar hablar francés, y entonces sonaba como música para mis oídos. Cada palabra era preciada para mí porque me recordaba a usted, amo el francés por su bien con todo mi corazón y mi alma. Adiós mi querido maestro, que Dios le proteja con especial cuidado y le llene de bendiciones.

Charlotte y Bruselas (4): carta del 8 de enero de 1845

 

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En esta tercera carta ya se empieza a ver claramente la desesperación de Charlotte, tanto que incluso hay algunos fragmentos que han sido tachados. Aunque ya dije al principio que las cartas no habían sido traducidas al castellano hasta el momento, sí es cierto que precisamente  esta carta aparece en el libro Grandes cartas de amor publicado por La esfera de libros. Aún así, la traducción que aquí aparece es cosecha propia, basada en la versión original escrita en francés. Sirva esta siguiente carta como preludio para el “gran final”, donde tenemos alguna que otra sorpresa reservada.

8 de enero de 1845

Haworth – Bradford – Yorkshire

El Sr. Taylor regresó, le pregunté si tenía alguna carta para mí –“No, ninguna.”. “Paciencia”, pensé, “su hermana regresará pronto”. La señorita Taylor regresó, “No tengo nada para usted de parte del Señor Heger” dijo ella “ni carta ni mensaje”.

Habiendo comprendido bien esas palabras me dije a mi misma lo que le hubiera dicho a cualquiera en una situación parecida, “Tienes que renunciar y, sobre todo, no afligirte a causa de una desgracia que no mereces”. Me he esforzado en no llorar y en no quejarme.

Pero cuando uno no se queja y cuando uno desea dominarse a sí mismo como si fuera un tirano, las facultades se rebelan y se paga la calma exterior con una lucha interior casi insoportable.

Día y noche no encuentro ni reposo ni paz, si duermo tengo pesadillas donde le veo a usted, siempre severo, siempre sombrío e irritado conmigo.

Discúlpeme entonces Señor si tomo la iniciativa de escribirle de nuevo. ¿Cómo puedo soportar la vida si no hago un esfuerzo para tratar de aliviar el sufrimiento?

Sé que perderá la paciencia cuando lea esta carta. De nuevo pensará que estoy exaltada, que tengo pensamientos oscuros, etc. Que así sea Señor, no busco justificarme, me someto a todo tipo de reproches, todo lo que sé es que no puedo, que no quiero, resignarme a perder por completo la amistad con mi maestro. Preferiría sufrir los más grandes dolores físicos que tener siempre el corazón lacerado por amargos remordimientos. Si mi maestro me retira por completo su amistad quedaré totalmente devastada, si me da un poco, aunque sea muy poco, estaré contenta, feliz, tendré un motivo para para poder seguir viviendo, para seguir trabajando.

Señor, los pobres no necesitan gran cosa para poder vivir. No piden más que las migajas de pan que caen de la mesa de los ricos, pero si se les niega incluso esas migas de pan, se mueren de hambre. Yo tampoco necesito mucho afecto por la parte de aquellos a los que amo, no sabría qué hacer con una amistad entera y completa, no estoy acostumbrada, pero usted mostró, hace tiempo, un poco de interés cuando yo era su alumna en Bruselas y quiero conservar ese poco interés, me aferro a él como me aferro a la vida misma.

Usted me dirá tal vez: ”No me interesa ya lo más mínimo Señorita Charlotte, ya no está usted en mi casa, os he olvidado.” Pues bien Señor, dígamelo entonces francamente, será para mí una conmoción, pero siempre será menos horrible que la incertitud.

No quiero releer esta carta, la envío tal y como la he escrito, sin embargo tengo la sensación de que habría personas frías y racionales que dirían al leerla “ella está delirando”. Como única venganza les deseo a esas personas tener un solo día los tormentos que yo he sufrido desde hace ocho meses, veríamos entonces si ellos mismos no delirarían.

Se sufre en silencio mientras se tiene fuerza y cuando las fuerzas faltan se habla (algo tachado) sin medir mucho las palabras.

(tachado: no tengo necesidad de desearle felicidad y prosperidad, ya goza de ella).

Le deseo al Señor felicidad y prosperidad.
CB.

Biografías de Charlotte Brontë (y su familia)

Dentro de la iniciativa Adopta una autora después de haber hablado un poco de algunas curiosidades sobre Charlotte Brontë y de haber creado infografía de su vida quería aprovechar el mes de marzo para dar a conocer las biografías existentes tanto sobre ella, como no, como sobre otros miembros de la familia.

En el blog ya podéis encontrar reseñas de alguna de las biografías existentes de la familia Brontë, tanto en general como centrada en alguno de sus miembros. Algunas obras están más centradas en su entorno o sus obras maestras, otras incluso son obras de ficción basadas en hechos reales. Sea como sea, os dejo a continuación una breve lista de las reseñas ya disponibles:

Claro está, tengo muchas más en casa pero tampoco son las únicas existentes. Mi intención con la entrada de hoy es, además de hacer un repaso de los libros ya reseñados en el blog, presentaros una infografía donde aparecen las biografías más importantes publicadas hasta el momento. Claro está hay unas cuantas que no he podido incluir pero que tampoco son precisamente sencillas de encontrar debido a que se publicaron ya hace unas cuantas décadas.

infografia-biografias

Por desgracia muy pocas son las obras que han sido traducidas al castellano de las aquí presentes, y menos aún las que se han escrito directamente en español. A la venta podréis encontrar Todo ese fuego de Ángeles Caso, libro del que hablé rápidamente en esta entrada, también está el libro de Elizabeth Gaskell de La vida de Charlotte Brontë, y en algunas librerías de segunda mano podréis encontrar probablemente El sabor de las penas de Jude Morgan o  El mundo interior, las hermanas Brontë en Haworth de Juliet Gardiner, pero casi ahí termina la cosa.

Puestos a destacar alguna obra, si solamente os apetece leer un libro sobre Charlotte os recomiendo Charlotte Brontë: a life de Claire Harman  y si lo que os interesa es la familia entera, la mejor es The Brontës de Juliet Barker.

Espero que esta infografía, a pesar de que le faltan algunas obras, os pueda ayudar a la hora de buscar más información sobre la familia o sobre alguno de sus miembros.

Charlotte y Bruselas (3): Carta del 24 de octubre de 1844

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Siguiendo con la segunda carta que Charlotte le escribió a Héger, donde se puede ver como la ansiedad va abriéndose paso al no recibir respuesta por su parte a pesar de que todavía hay cierto optimismo en sus palabras. Es también una carta mucho más breve pero muy intensa, así que sin mucho más que decir, os dejo disfrutar de ella.

24 de octubre de 1844

Haworth

Señor

Estoy muy feliz esta mañana, cosa que no me sucede con demasiada frecuencia en los dos últimos años, y es porque un señor que conozco va a ir a Bruselas y me ha ofrecido hacerse cargo de una carta para usted. La carta se la dará él mismo, o su hermana, de forma que así estaré segura de que llega a vuestro poder.

No voy a escribir una carta muy larga, primero porque no tengo tiempo, porque tiene que salir lo antes posible, y después por miedo a aburrirle. Me gustaría solamente preguntarle si ha recibido noticias mías al principio del mes de mayo y después en el mes de agosto. Hace seis meses que espero una carta suya, seis meses de espera es mucho tiempo. Sin embargo no me molestaría y sería ricamente recompensada a cambio de esa pequeña pena si me escribiera ahora una carta y se la diera a ese señor, o a su hermana, que me la entregaran sin falta.

Por corta que sea la carta estaré satisfecha, no olvide solamente decirme como se encuentra usted como se encuentran su mujer y sus hijos, y como están las profesoras y alumnos.

Mi padre y mi hermana le presentan sus respetos, la enfermedad de mi padre aumenta poco a poco, aun así todavía no está del todo ciego. Mis hermanas se comportan bien pero mi pobre hermano sigue aún enfermo.

Adiós Señor, espero recibir noticias suyas pronto. La idea me hace sonreír porque el recuerdo de sus bondades no se irá jamás de mi memoria y mientras duren esos recuerdos (el afecto) el respeto que me ha inspirado también durará.

Vuestra muy devota alumna,

C Brontë

Acabo de mandar encuadernar todos los libros que me dio usted mientras aún estaba en Bruselas. Me produce un profundo placer contar con ellos, forman una pequeña biblioteca entre todos. Primero están las obras completas de Bernardin St. Pierre, Les pensées de Pascal, un libro de poesía, dos libros alemanes y (lo que vale más que el resto) dos discursos del Señor Profesor Heger, pronunciados en la entrega de premios del Ateneo Real.

Charlotte y Bruselas (2): Carta del 24 de julio de 1844

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Hoy os traigo la primera de las cuatro cartas que se conservan de la correspondencia entre Charlotte Brontë y Constantin Héger. Estas cartas causaron un gran revuelo en 1913, cuando Paul, uno de los hijos de Constantin y Zöe, las llevó a la British Library de Londres

La historia de cómo llegaron a conservarse estas cuatro cartas también es muy curiosa. Zöe, la fiel esposa de Constantin,  le contó a su hijo Louise que había visto a su marido tirarlas a la basura pero que ella había decidido rcuperarlas y coser y pegar aquellas que había roto en pedazos, para guardarlas después en su joyero para así poder demostrar que era un amor no correspondido por parte de él, o eso dicen.

En cualquier caso, leer estas cartas escritas originalmente en francés es una increíble experiencia, por la pasión y el dolor que se puede ver en cada línea, y nos ayuda a comprender un poco mejor a Charlotte y también conocer su día a día.

Las versiones originales, tanto en francés como su traducción en inglés las podéis encontrar en algunos libros, entre otros Selected letters of Charlotte Brontë de Margaret Smith. La traducción que os pongo debajo de la primera carta (y de las demás que vendrán) la he hecho yo misma a partir de la versión original francesa, pensad que no soy traductora profesional pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Que yo haya visto no existe ninguna versión en castellano donde aparezcan las cartas, así que espero que os gusten.

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Para Constantin Héger, 24 de julio de 1844

Haworth

Señor

Sé que no es mi turno de escribirle, pero ya que la señora Wheelwright va a ir a Bruselas y no le importa hacerse cargo de una carta, me parece que no debo aprovechar una ocasión tan favorable para escribirle.

Estoy muy contenta de que el curso escolar casi haya terminado y que se acerquen las vacaciones – estoy contenta por usted señor, ya que me han dicho que trabaja demasiado y que su salud está un poco alterada. Por ello no me permito quejarme sobre su largo silencio, me gustaría más estar seis meses sin recibir noticias de usted que añadir más peso a la ya pesada carga que le abruma. Recuerdo bien que ahora es la época de las redacciones, y que pronto será la de los exámenes y después la de los premios, y que durante todo este tiempo usted está condenado a respirar la desencantada atmósfera de las clases, a ser utilizado, a explicar, a preguntar y a hablar a lo largo del día, y después por la noche con todas esas infelices redacciones para leer, corregir y casi reescribir. ¡Ah, señor! Una vez le escribí una carta poco razonable, a causa del dolor que apresaba mi corazón, pero ya no lo volveré a hacer. Intentaré no ser egoísta y mientras veré sus cartas como una de las mejores alegrías que conozco, esperaré pacientemente hasta que le plazca y convenga enviarme una. Mientras tanto yo puedo escribirle a usted una breve carta de vez en cuando, usted me ha autorizado.

Temo olvidar el francés, porque estoy segura de que nos volveremos a ver un día – no sé cómo ni cuándo – pero será así porque lo deseo tanto, y no me gustaría quedarme muda delante de usted. Sería demasiado triste verle y no poder hablarle. Para evitar este mal, aprendo de memoria todos los días media página de francés de un libro de estilo familiar. Y me resulta un placer aprender de esta forma, señor, cuando pronuncio las palabras en francés es como si estuviera con usted.

Me acaban de ofrecer un puesto como maestra principal en un gran internado en Manchester, con un salario de 100£, unos 2500 francos por año. No he podido aceptarlo ya que hacerlo me alejaría de mi padre, y eso no puede ser. Aun así tengo mi propio proyecto, cuando se vive en el retiro el cerebro sigue trabajando, uno desea estar ocupado y mantener una carrera activa. Nuestro Presbiterio es una casa lo suficientemente grande para que con unos pequeños cambios haya sitio para 5 o 6 internas. Si pudiera encontrar ese número de niñas de buena familia me dedicaría a educarlas. A Emilie (Emily) no le gusta mucho ser maestra pero ella se ocuparía de las tareas del hogar y, aunque sea un poco recluida, tiene un corazón demasiado bondadoso como para no hacer lo mejor posible para los niños. Ella también está muy dotada en el orden, la economía, la exactitud, pero yo misma me haría cargo del trabajo asiduo, tan necesario en un internado.

Ese es mi proyecto Señor, que ya le he explicado a mi padre y que acepta. Ya solo falta encontrar alumnas, cosa bastante complicada, porque estamos alejadas de las grandes ciudades. No nos importa atravesar las montañas que nos hacen de barrera, pero la tarea que no entraña problemas no tiene mérito, y tenemos un gran interés en vencer los obstáculos. No digo que vaya a conseguirlo, pero trataré de hacerlo, ya solo el esfuerzo me sentará bien. No hay nada que tema más que la pereza, estar ociosa, la apatía, la letargia de las facultades. Cuando el cuerpo es perezoso, el espíritu sufre de forma cruel.

No conocería esta letargia su pudiera escribir, antes pasaba días enteros, meses, escribiendo y no del todo sin fruto, ya que Southey, y Coleridge, dos de nuestros mejores autores, a quienes les envié algunos manuscritos han querido darles su aprobación. Pero a día de hoy tengo la vista demasiado débil para escribir, si escribiera mucho me quedaría ciega. Esta debilidad de la vista es para mí una terrible privación, sin eso ¿sabe qué haría yo Señor? Escribiría un libro y se lo dedicaría a mi maestro de literatura, al único maestro que he tenido, a usted, Señor. Le he dicho con frecuencia en francés cuanto le respeto, que estoy en deuda con usted por su bondad, por sus consejos.

Me gustaría decírselo una vez en inglés pero no se puede, es mejor no pensar en ello, la carrera de letras está cerrada para mí. Solo puedo dedicarme a la instrucción, no me ofrece los mismos encantos, pero da lo mismo, me dedicaré a ello y si no llego muy lejos no será por falta de diligencia. Usted también Señor quiso ser abogado pero la suerte o la Providencia le hizo dedicarse a la enseñanza y a pesar de todo es feliz.

Por favor, preséntele mi aprecio a la Señora (Heger), temo que Maria, Louise, Claire, me hayan olvidado ya. Prospère y Victoria no me conocieron demasiado, pero yo me acuerdo muy bien de los cinco, sobre todo de Louise, tenía tanto carácter, tanta ingenuidad, tanta verdad en su pequeña figura.

Adiós Señor –
Su agradecida estudiante
C Brontë

24 de Julio

No le he pedido que me escriba pronto porque temo importunarle, pero usted es demasiado bueno para olvidar que en cualquier caso aun así lo deseo. Sí, lo deseo mucho, pero es suficiente. Después de todo, haga lo que considere, si recibiera una carta suya y creyera que la ha escrito solo por piedad, eso me dolería mucho.

Parece que la Señora Wheelwright va a ir a Paris antes de ir a Bruselas, pero enviará mi carta en Boulogne. De nuevo, adiós Señor, me duele incluso decirle adiós en una carta. Oh, estoy segura de que nos volveremos a ver, es necesario, porque en cuanto haya ganado dinero suficiente para ir a Bruselas iré, y nos volveremos a ver aunque sea solo por unos instantes.

Charlotte y Bruselas (1): ¿Quién era Constantin Héger?

Este mes de marzo (y probablemente parte de abril) va a estar dedicado al tiempo que Charlotte pasó en Bruselas y a cómo le marcó su paso por el internado de los Héger. Ya comenté brevemente que Charlotte y Emily pasaron unos meses de 1842 en el internado que llevaban Constantin y su mujer Zöe en Bruselas. En enero de 1843, tras haberse visto obligadas a regresar a casa por el fallecimiento de su tía Elizabeth, que cuidaba de toda la familia desde que su madre Maria murió, Charlotte regresó sola al internado, donde ya estableció una relación más personal con Constantin, con el cual mantuvo el contacto mediante  correspondencia hasta meses después.

Constantin Heger.jpgEste “ciclo” de entradas, por llamarlo de alguna forma, tocará distintos temas. Hoy os contaré un poco quién era Constantin Héger y cuál fue su relación con Charlotte, en próximas entradas publicaré también las cartas que Charlotte le escribió que todavía se conservan, con traducción propia al castellano, y por último haré una entrada sobre lugares relacionados con las hermanas Brontë que se pueden visitar en Bruselas.

Constantin Héger nació en Bruselas en 1809, su padre era dueño de una joyería pero en 1815 se declaró en bancarota al no poder pagar un prestamo. Debido a los problemas económicos de la familia, Constantin se vio obligado a mudarse a París ebn 1825 en busca de un empleo. Allí estuvo trabajando como secretario para un abogado pero su pobreza le impidió seguir con su sueño de convertirse en abogado y regresó a Bruselas en 1829, donde pasó a ser profesor de francés y matemáticas en el Ateneo Real.

Se casó por primera vez en 1830 con Marie-Josephine Noyer y ese mismo año estalló la revolución y estuvo luchando en las barricadas entre el 23 y el 27 de septiembre en el lado de los nacionalistas. Él salió airoso pero en esta revuelta murió el hermano pequeño de su mujer. Tanto su mujer Marie-Josephine como su hijo Gustave fallecieron apenas tres años después, en 1833, a causa de una epidemia de cólera.

Su carrera como profesor fue progresando, y empezó a dar clases de idiomas, matemáticas, geografía e historia de Bélgica en el colegio veterinario ubicado en la calle Terarken mientras continuaba dando clases en el Real Ateneo. En 1834, cuando tenía 25 años, llegó incluso a dar un discurso en la entrega de premios en el ayuntamiento que fue extensamente aclamado por la prensa.

Conoció a Claire Zöe, su segunda mujer al mudarse a la calle de los Doce Apóstoles. Ella era la directora del internado de chicas de una calle cercana donde él empezó a dar clases poco después.  Se casaron el 3 de septiembre de 1836 y tuvieron seis hijos: Maria(?), Claire (?), Louise (1839), Prospère (1842), Victorine (1843) y Paul (1846).

En 1842 Emily y Charlotte fueron a su internado y pudo ser testigo de su increíble talento. Su peculiar sistema de enseñanza le sirvió a ambas como inspiración para sus obras. En 1853 se convirtió en el director del Ateneo pero dimitió dos años después. Continuó dando clases en el internado de su mujer hasta que se jubiló en 1882.

Constantin Héger falleció en 1896 y está enterrado junto a su mujer y su hija Marie en el cementerio municipal de  Watermael-Boitsfort.

Lo más peculiar sucedió unos años después, cuando su hijo Paul fue a la British Library en 1913 con cuatro cartas de Charlotte Brontë que fueron enviadas a su padre entre los años 1843 y 1845. Y precisamente la siguiente entrada tratará sobre la primera de esas cartas.

Para saber más: 

The Brontës in Brussels – Helen MacEwan

Uno de los libros más específicos sobre la familia Brontë que vais a poder encontrar en el mercado (en inglés) es The Brontës in Brussels, escrito por Helen MacEwan, que trata solamente de los años 1842 y 1843, cuando Emily y Charlotte estuvieron en un internado en Bruselas.

Esta obra, de poco más de 200 páginas, nos cuenta a la perfección cómo fueron los meses que las dos hermanas pasaron juntas en el internado de los Heger y cómo fue la experiencia posterior para Charlotte, que regresó sola poco tiempo después. La escritora forma parte del Brussels Brontë Group, fundado en 2006, que, además de llevar un blog constantemente actualizado con noticias y curiosidades sobre las hermanas Brontë y sus novelas, realizan actividades en la ciudad de forma ocasional.  Se nota su pasión por las hermanas en casi cada línea que ha escrito y ha conseguido narrar de forma interesante y llamativa un periodo de tiempo que sirvió de inspiración a Charlotte para escribir sus novelas El profesor y Villette, entre otras cosas.

La primera parte está centrada en conocer qué llevó a las hermanas a irse a Bruselas, un lugar tan alejado, para aprender idiomas. Nos habla de dónde estaba situado el internado y de qué aspecto tiene hoy la ciudad, también de sus dueños, Zoë y Constantin, su relación con las jóvenes alumnas, sus progresos en clase y, como muestra, tenemos cuatro redacciones, dos de Emily y dos de Charlotte, a nuestra disposición. De imprescindible lectura son también las cuatro cartas de Charlotte que se conservan (porque hubo muchas más) dirigidas a Constantin Heger, donde se puede ver su amor y casi obsesión por él.

Como las comparaciones son inevitables, Helen MacWan introduce fragmentos de Villette donde se ve la influencia que tuvo este internado en la redacción de la novela. Lógicamente, el punto central es la ciudad de Bruselas y también podremos conocer cómo eran distintas zonas de la ciudad en aquella época y cómo fueron cambiando con el paso de los años desde que estuvieron las Brontë allí hasta la actualidad.  Y, por supuesto, la última parte del libro está dedicada a una pequeña guía que nos sirve para recorrer aquellos puntos emblemáticos de la ciudad por los que pasaron o donde estuvieron Emily y Charlotte.

Aunque ya conocía las vivencias de ambas hermanas en la ciudad, el punto de vista que nos presenta aquí la autora, con las redacciones, las cartas de Charlotte y la “guía de viajes” de Bruselas me parecen unos aportes muy interesantes al mundo de las biografías y obras sobre la familia Brontë.

Os dejo a continuación unas fotografías del interior, ya que al texto también le acompañan ilustraciones, cartas, fotografías y dibujos de la ciudad ya que merece la pena poder apreciar el libro en su conjunto.

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Jane Eyre, una autobiografía – Teatro Liure

A partir del 23 de febrero y hasta el 26 de marzo de 2017, en el teatro Lliure de Gràcia (Barcelona) se representará una adaptación de Jane Eyre, una autobiografía. El espectáculo tiene dos horas de duración y está en catalán.

La novela ha sido adaptada al teatro por Anna Maria Ricart, la dirección corre a cargo de Carme Portaceli, Ariadna Gil interpreta a Jane Eyre y Abel Folk será el encargado de dar vida al Sr. Rochester. El montaje cuenta con música creada por Clara Peya, que interpreta en directo la banda sonrona junto  con Laia Vallès (pianista) y la Alba Haro (violonchelista).

Tratando de mantener la ambientación pero sin potenciar en exceso del drama, la trama no se sitúa en ninguna época determinada ya que solo se busca transmitir emociones.

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Celebramos el 200 aniversario del nacimiento de la novelista inglesa Charlotte Brontë con Jane Eyre, la gran heroína romántica. Una mujer que sabe muy bien lo que quiere, pese a las convenciones de su época. Dirige el montaje Carme Portaceli.
Jane Eyre es una novela escrita en el año 1847 por Charlotte Brontë bajo el pseudónimo de Currer Bell. Con su nombre real, lo más probable hubiera sido que no les hubieran publicado, ni a ella ni a sus dos hermanas, Emily y Anne, ninguna de las novelas que escribieron. O, por lo menos, no habrían conseguido el éxito que obtuvieron (no en el caso de Emily y sus Cumbres borrascosas) ni, por tanto, la posibilidad de seguir escribiendo, que era la pasión de todas ellas.
Jane Eyre es una ventana a través de la que Charlotte Brontë nos presenta su visión del mundo. Jane opina sobre la diferencia arbitraria entre clases y hace especial atención al papel de la mujer en el mundo. Ella nunca deja que olviden que, por el hecho de ser pobre o de ser mujer, no es un ser inferior.
Pero por encima de todo, Jane Eyre es una obra romántica en la que la lucha por la libertad es el impulso que guía a la protagonista en un mundo en el que las mujeres no la podían alcanzar. También cuenta, claro, una gran historia de amor que sólo se podrá vivir cuando los dos protagonistas estén de igual a igual, cuando el amor no sea una cárcel, sino un acto de libertad.

Información e imagen sacadas de la página web del  Teatro Lliure

Infografía: Vida de Charlotte Brontë

Ahora que ya conocemos algunos aspectos puntuales de la vida de Charlotte Brontë, podemos pasar a la imagen general de su vida (sí, ya sé que es un poco al revés de lo que dicta la lógica pero me gustaba más este orden).

Como me gustan mucho las infografías ya que exponen la información de manera clara y precisa, he querido hacer una sobre la autora. Igual que en la entrada anterior, he tratado de incluir etapas y detalles algo menos conocidos de su vida aunque también encontraréis un puñado de fechas míticas que fueron marcando su vida.

Espero que os guste.

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Si por lo que sea queréis reutilizar esta infografía o los dibujos que en ella aparecen, por favor, no olvidéis citar la fuente.

Cosas que seguramente no sabías sobre Charlotte Brontë

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Dentro de la iniciativa de Adopta Una Autora, el mes pasado os presenté una entrada relacionada con las traducciones de Jane Eyre disponibles en castellano y su evolución con el paso de los años (y también los engaños que algunas editoriales nos han querido colar). y este mes de febrero lo quiero dedicar a contaros un poco más de la vida de Charlotte Brontë. Tal vez parecía obvio empezar primero por la biografía y pasar después a sus obras, pero dado que es una autora bastante conocida he querido buscar curiosidades y detalles puntuales. La entrada de hoy será en forma de texto centrada en una serie de acontecimientos puntuales y en unos días tendréis una infografía, creada por mí, que os resume un poco su vida entera, desde el nacimiento hasta la muerte de la autora. 

Muchos conoceréis a Charlotte Brontë por ser la autora de Jane Eyre, Villette, Shirley o El profesor, pero mi intención es presentaros hoy una serie de cosas que están relacionadas con ella y que seguramente no sabiáis hasta el momento (o eso espero). He tratado de ordenadar la información de forma cronológica aunque ya veréis que no siempre ha sido posible y hay algunos saltos.

missnusseyDurante los años 1831 y 1832, Charlotte se educó en Roe Head, situado en Mirfield, y allí conoció a dos de las que serían sus mejores amigas, Ellen Nussey y Mary Taylor. También estuvo en Roe Head dando clases unos años más tarde (1835-1838). Tan estrecha llegó a ser su relación con Ellen Nussey,  que hay incluso algunos autores que especulan que ambas mujeres llegaron a tener una relación sentimental-romántica de algún tipo pero nunca ha podido ser comprobado.

En 1842 Charlotte y su hermana Emily fueron a Bruselas al internado que llevaban Constantin Heger y su mujer Zöe  para mejorar su conocimiento de idiomas. A cambio del alojamiento y la matrícula, Charlotte daba clases de inglés y Emily de música. La estancia fue bruscamente interrumpida por un asunto familiar pero Charlotte tuvo la oportunidad en 1843, esta vez ya sola, para ser profesora en el mismo internado. En 1913 salieron a la luz cuatro cartas de Charlotte en el periódico The Times dirigidas a Constantin Heger en las que, aunque de forma ambigua, parece hablar de su amor por él. Fue un auténtico escándalo en la época ya que demostraba que Charlotte había estado enamorada de un hombre casado que además había sido también su tutor. Algunas interpretaciones de dichas cartas dicen que esos sentimientos que aparecen en las cartas solo eran reflejo de su fascinación adolescente o de gratitud hacia su profesor, pero ya se sabe, los rumores siempre tienen algo de cierto.  Parte de esta experiencia en el internado quedó reflejada en sus novelas El profesor y Villette.

Aunque parece ser que Anne y Charlotte ya habían publicado alguna cosa en la prensa anteriormente, un año antes de que se publicara Jane Eyre, Cumbres borrascosas y Agnes Grey, en 1846, las hermanas Brontë publicaron un libro de poemas con su propio dinero, titulado Poems, con los pseudónimos Currer, Ellis and Acton Bell con una tirada de 1000 ejemplares, y les costó 37 libras. Solamente se vendieron dos ejemplares el año de su publicación (y 39 en total) y no tuvo demasiado impacto, aunque sí aparecieron algunas críticas en el Athenaeum y The Critic, con comentarios en los que se decía que podrían ser incluso tres pseudónimos/aspectos de una misma persona. También una de las personas que compró el libro de poemas les escribió una carta emocionado pidiéndoles un autógrafo, dicha carta se puede encontrar ahora en el museo de la familia Brontë en Haworth. Se rumorea que este fracaso fue lo que les hizo cambiar de registro y escribir novelas, eso sí, usando los mismos pseudónimos ya que no era bien visto en aquella época que una mujer se dedicara a escribir libros. Este libro de poemas fue comprado y reeditado posteriormente en 1848 por Smith Elder, el mismo  editor que publicó las novelas de Charlotte.

La primera novela que envió Charlotte Brontë a una editorial, con el pseudónimo de Currer Bell, fue El profesor, junto a Agnes Grey y Cumbres borrascosas. Tras casi un año, el editor respondió que sí estaba interesado en las dos últimas novelas pero no en El profesor. Charlotte siguió enviando su manuscrito, concretamente a Smith Elder, donde también fue rechazada porque aunque estaba bien escrita, era demasiado corta y poco interesante. Eso sí, el editor animó a Currer Bell a enviarle otra novela, en tres tomos, como era costumbre en la época. Mientras las editoriales evaluaban El profesor, Charlotte había estado trabajando en Jane Eyre, y le envió esta novela (1847). El editor, George Smith, apenas tardó unos días en leerla y en ofrecerle 100 libras a Currer Bell por los derechos de autor. Seis semanas después se publicó y tuvo un gran éxito. Como curiosidad, El profesor fue rechazada hasta nueve veces por las editoriales hasta que finalmente se publicó tras la muerte de Charlotte.

arthur_bell_nichollsEn las novelas de Charlotte el amor y romance juega un papel un tanto peculiar y ella misma en vida recibió cuatro propuestas de matrimonio diferentes. Una fue del reverendo Henry Nussey, hermano de su amiga Ellen. Después le llegó el turno al reverendo David Pryce, que le propuso matrimonio después de haberla visto solo una vez. En 1851 fue James Taylor el que le propuso matrimonio, que trabajaba en la editorial que le publicó su obra maestra y que iba a ser enviado a la India para un trabajo, le pidió que se casara con él y que le esperara hasta su regreso pero también fue rechazado. El cuarto fue Arthur Bell Nicholls, también religioso, y que llevaba años enamorado de ella. Le propuso matrimonio por primera vez en 1852. Al principio ella le rechazó porque a su padre no le hacía mucha gracia que se casaran aunque se conocían desde hace tiempo y trabajaba para él. Después de varios encuentros, terminó aceptando su propuesta en 1854, su padre no acudió a la boda. El lado trágico es que Charlotte murió escasos meses después de ese evento, algunas fuentes dicen que fue de tuberculosis, igual que sus hermanas, pero otras indican que fue debido a problemas relacionados con su embarazo.

Dos años después de su muerte, Elizabeth Gaskell, con la ayuda del padre de las hermanas Brontë, publicó el libro Vida de Charlotte Brontë (1857). Ambas se conocieron en 1850 y desde entonces mantuvieron correspondencia, también coincidieron en persona en alguna ocasión más e incluso Elizabeth fue invitada a casa de los Brontë. Se rumorea que Charlotte no la consideraba especialmente agradable o amiga, y que a Elizabeth no le gustaban especialmente las novelas de las Brontë, pero aún así esta biografía supone una fuente de información innegable. La publicación de esta biografía, después del éxito de sus novelas, no hizo más que aumentar la fama de la autora y de sus hermanas, creando ya prácticamente un fenómeno fan a su alrededor.

Para saber más:

  • The Brontë Myth, Lucasta Miller. Random House Vintage. ISBN: 9780099287148.
  • Charlotte Brontë: a life, Claire Harman. Penguin. ISBN: 9780241963661
  • Vida de Charlotte Brontë, Elizabeth Gaskell. Alba editorial. ISBN: 9788490652053