La Navidad en Jane Eyre

Charlotte_Christmas.png

¡Feliz Navidad a todos!

Hoy quiero aprovechar estas fechas para hacer una pequeña entrada con fragmentos de

Jane Eyre donde se menciona la Navidad. No son muchos, y tampoco son especialmente alegres o festivos, pero quería compartirlos con todos vosotros (y de paso poner un dibujo de Charlotte con toque festivo acompañando al texto).

November, December, and half of January passed away.  Christmas and the New Year had been celebrated at Gateshead with the usual festive cheer; presents had been interchanged, dinners and evening parties given.  From every enjoyment I was, of course, excluded: my share of the gaiety consisted in witnessing the daily apparelling of Eliza and Georgiana, and seeing them descend to the drawing-room, dressed out in thin muslin frocks and scarlet sashes, with hair elaborately ringletted; and afterwards, in listening to the sound of the piano or the harp played below, to the passing to and fro of the butler and footman, to the jingling of glass and china as refreshments were handed, to the broken hum of conversation as the drawing-room door opened and closed. When tired of this occupation, I would retire from the stairhead to the solitary and silent nursery: there, though somewhat sad, I was not miserable.  (…) I then sat with my doll on my knee till the fire got low, glancing round occasionally to make sure that nothing worse than myself haunted the shadowy room.

Esta tristeza y soledad contrasta con otro fragmento navideño que tiene lugar mucho más adelante en la novela, cuando Jane está ya con los Rivers, junto a los que quiere intentar pasar una Navidad perfecta.

My first aim will be to clean down (do you comprehend the full force of the expression?)—to clean down Moor House from chamber to cellar; my next to rub it up with bees-wax, oil, and an indefinite number of cloths, till it glitters again; my third, to arrange every chair, table, bed, carpet, with mathematical precision; afterwards I shall go near to ruin you in coals and peat to keep up good fires in every room; and lastly, the two days preceding that on which your sisters are expected will be devoted by Hannah and me to such a beating of eggs, sorting of currants, grating of spices, compounding of Christmas cakes, chopping up of materials for mince-pies, and solemnising of other culinary rites, as words can convey but an inadequate notion of to the uninitiated like you.  My purpose, in short, is to have all things in an absolutely perfect state of readiness for Diana and Mary before next Thursday; and my ambition is to give them a beau-ideal of a welcome when they come.

Dicho esto, espero que podáis pasar estas felices fiestas con vuestra familia y que Papá Noel y los Reyes Magos os dejen algún Brontë-libro debajo del árbol.

¡Nos vemos!

¿Cuánto vale una primera edición de Jane Eyre?

¡Hola a todos!

Hoy os quiero traer una entrada que, por lo menos a mí, me resulta interesante. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez el precio que tienen hoy en día las primeras ediciones de vuestras novelas favoritas?

En 1847 la primera novela de Charlotte Brontë, Jane Eyre, vio la luz pero fue publicada con el pseudónimo de Currer Bell. Hasta aquí es probable que no os haya dicho nada que no sepáis ya, pero sí os puedo decir que el precio de venta de la novela en ese año era de 31 chelines y seis peniques. Si pasamos esta cifra a dinero actual (con la ayuda de esta página web) eso vendría a ser unas 840 libras esterlinas. Pero ahora viene lo mejor. Realmente… ¿A cuánto se está vendiendo la primera edición de Jane Eyre hoy en día?

Si miramos la página web de Sothebys, una de las casas de subastas más famosas, podemos ver que el precio de una primera edición, recordemos, 1847, podemos ver que se han vendido a precios de entre 40.000 y 70.000 libras. 

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Además de estos lotes, que ya no están disponibles, también se puede encontrar la novela en páginas webs de libros de segunda mano como Abebooks, con precios algo menores pero dentro del mismo orden de magnitud.

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Pero… ¿Qué pasa si en vez de la primera edición, porque nuestro bolsillo no se lo puede permitir, queremos una segunda o tercera edición? ¿Y qué pasa con la primera edición americana, publicada solo un año después? Pues estáis de suerte, porque los precios son bastante más bajos en comparación porque ya estamos hablando de solamente unas pocas miles de libras.

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Espero que os haya parecido curiosa la entrada y bueno, si a alguien le toca la lotería y me quiere regalar una primera edición de Jane Eyre, por aquí estaré 😛

Charlotte Brontë en la Luna

Ya sabemos, por las entradas que he ido haciendo dentro de la iniciativa Adopta Una Autora, que Charlotte Brontë llegó muy lejos. Lo que algunos no sabrán es que incluso llegó a la Luna.

El 7 de diciembre de 1972, fue enviada a la Luna la mision Apolo 17, siendo esta la séptima y última que pondría los pies en nuestro querido satélite. A bordo iban Eugene A. Cernand, Harrison H. Schmitt y Ronald E. Evans, que volvieron a la Tierra el 19 de diciembre de ese mismo año tras haber estado tres días explorando la Luna.

Como querían aprovechar el viaje, la NASA tenía en mente explorar una de estas tres zonas hasta ahora no analizadas en anteriores misiones: el crater Alphonsus, crater Gassendi y el valle Taurus-Littrow. Como el objetivo era obtener muestras de distintos lugares y materiales de la luna, finalmente fue el valle Taurus-Littrow el que salió vencedor ya que allí esperaban poder obtener muestras de material procedente de deslizamientos cercanos y también de actividad volcánica reciente de la zona.

Eugene A. Cernan y Harrison Schmitt fueron los encargados de explorar la Luna mientras Ronald E. Evans se quedaba en órbita realizando distintos experimentos. En el primer viaje que hicieron a bordo del rover lunar, fueron bautizando los distintos lugares y pequeños cráteres que se encontraron a su paso, siendo uno de ellos el cráter Brontë, en honor a Charlotte Brontë. El cráter lo podéis ver en la imagen que aparece debajo y para que os hagáis una idea mide unos 210 metros de diámetro.

Luna_Bronte

Cerca de esa zona están, entre otros muchos cráteres con nombres pintorescos, Camelot, llamado así en honor al Rey Arturo y su mesa redonda y Sherlock, llamado así por el personaje de Sherlock Holmes. Además hay una región plana llamada Tortilla flat, llamada así por el libro de mismo nombre de John Steinbeck.

Como curiosidad, la familia Brontë desde 1976 también tiene un cráter en su honor en el planeta Mercurio, con un diámetro de 68 kilómetros, bastante mayor que el de la Luna y en esta ocasión el nombre se lo puso directamente la Unión Astronómica Internacional.

Referencias:
https://the-moon.wikispaces.com/Apollo+17+site
http://bronteblog.blogspot.com/
https://planetarynames.wr.usgs.gov/

Visitando la casa de la familia Brontë (Haworth)

haworth copia

¡Hola a todos!

Después de haber leído un poco sobre las traducciones de Jane Eyre que hay disponibles hoy de día y de descubrir algunas curiosidades sobre la autora, Charlotte Brontë, mi tercera aportación a la iniciativa Adopta una autora va a ser una visita “virtual” al lugar donde pasó gran parte de su vida, Haworth.

Este pasado mes de marzo tuve el gran placer de poder visitar Haworth, un pueblo situado en el condado de West Yorkwhire que es famoso por albergar la casa donde se mudó familia Brontë en 1820. Desde 1928 esta casa se puede visitar gracias a la Brontë Society, Sir James Roberts compró la casa por 3000 libras y se la cedió a la sociedad para que pudiera usarla. Así como nota curiosa, el primer museo dedicado a la familia abrió en  1895 y estaba situado en la calle principal de Haworth.

Hay distintas formas de llegar hasta Haworth, y yo escogí ir desde Manchester, que está a unos 60-70km de distancia. La opción más sencilla desde Manchester es coger uno de los numerosos trenes que van hasta Hebden Bride (un pueblo también encantador) y desde la propia estación coger el autobús número 500 que te lleva hasta Haworth recorriendo unas carreteras que atraviesan pastos verdes llenos de ovejitas lanudas. El trayecto en total cuesta entre 1h30 y 2, según sea la combinación de transportes y si mal no recuerdo el trayecto de ida y vuelta en tren costó 12 libras y el autobús algo menos de 5 libras entre la ida y la vuelta.

mapa_haworth copia

Una vez en Haworth, son bastantes cosas las que se pueden hacer. Por supuesto la más importante y la que debería estar primero en vuestra lista es visitar el Brontë Parsonage Museum, la casa donde vivió la familia, que está totalmente rehabilitada y que suele contar con exposiciones temáticas diferentes cada año. Este año tocaba una sobre la serie  To walk invisible y otra especial dedicada a Branwell Brontë, ya queen 2017 se cumplen 200 años de su nacimiento.

 

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Ya desde el exterior la casa impone, con un precioso jardín que la rodea y con vistas a un cementerio del que os hablaré un poco más adelante en la entrada. Dentro de la casa se pueden recorrer las distintas habitaciones, desde el estudio de Patrick Brontë hasta la habitación donde se supone que pasaban las noches las Hermanas, la cocina o la habitación donde Branwell pasó sus últimos días. Todos los objetos que hay en la casa corresponden a la época en la que los Brontë vivieron allí y es curioso poder ir cotilleando un poco qué libros tenían a mano, con qué jugaban o qúé tipo de muebles había en la casa. Como no, también podéis ver en las fotografías los trajes empleados por los distintos actores y actrices de la serie To walk invisible.

La visita a la casa cuesta £8.50 y dispone de una extensa tienda donde podéis encontrar además de muchas ediciones diferentes de cada una de las novelas de las hermanas Brontë, obras sobre la familia, sobre la zona y también un montón de merchandising, desde chocolate hasta té, pasando por delantales, cojines y objetos varios de papelería. En cada libro que compréis allí os ponen también un sello que indica que ha sido comprado en el Brontë Parsonage, que es una excusa tan buena como cualquier otra para comprarse una edición más de Jane Eyre.

A pocos metros de la casa nos encontramos un edificio con un cartel azul redondo que lo señala como un lugar en el que hay que detenerse unos momentos, The Old School Room. Este edificio fue construido por Patrick Brontë en 1832 y donde todas sus hijas fueron profesoras. En 1845 Arthur Bell Nichols tomó el mando y en 1854 se utilizó para la boda de Charlotte y Arthur, acogiendo aproximadamente a unos 500 invitados.

Muy cerca está también la principal iglesia de Haworth, llamada hoy St Michael and All Angels. En su interior está la cámara de la familia Brontë, donde están enterrados Maria, Patrick, Maria, Elizabeth, Branwell, Emily y Jane. Esta iglesia alberga también un precioso cementerio de época donde es un auténtico placer recorrer las tumbas cubiertas de musgo y de hierba, incluyéndose entre ellas la tumba de Tabby, una criada que estuvo a su servicio 30 años.

 

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El resto del pueblo de Haworth también es muy bonito y merece la pena estar unas horas paseando por sus calles empedradas, descubriendo los distintos rincones y tiendas y, como no, disfrutar de un buen desayuno inglés (en un local llamado Villette sirven un Brontë Lunch que está para chuparse los dedos de lo British que es) o de un té bien calentito.

 

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Aprovechando el viaje, también me di un paseo por Hebden Bridge al terminar el día, así que también os dejo algunas fotos por si os apetece verlo.

Hebden_Bridge

Charlotte y Bruselas (5): carta del 18 de noviembre de 1845

cartas

Llegamos ya a la última carta conservada, escrita a finales de 1845. En la página web de la British Library se puede encontrar además la versión escaneada de esta carta, de la que os dejo unas imágenes a continuación. En ella podemos ver ya no solo la forma que tenía de escribir Charlotte, también se ve que en algunos pasajes la letra parece escrita con mucha fuerza, mostrando así físicamente el sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento. También es curioso ver como hasta el más mínimo trozo de  papel se aprovechaba en esa época y se usaba la propia carta como “sobre”. En cuanto al contenido, podemos ver que Charlotte se impuso a sí misma restricciones a la hora de escribirle, cosa llamativa.

18  de noviembre 1845.

Haworth
Bradford Yorkshire

Señor

Ya han pasado seis meses de silencio; estamos hoy a 18 de noviembre, mi última carta estaba fechada (creo) el 18 de mayo, puedo entonces escribirle de nuevo sin faltar a mi promesa.

El verano y el otoño me han parecido muy largos; a decir verdad me han hecho falta dolorosos esfuerzos para soportar hasta el momento presente la privación que me he impuesto. Usted no puede imaginarse qué es eso, usted, Señor, pero imagínese por un instante que uno de sus hijos esté separado de usted, a 160 lugares de distancia, y que deba permanecer seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin poder hablar, sin saber cómo se comporta, entonces podrá comprender fácilmente todo lo que hay de duro en una obligación de este tipo.

Le diré francamente que durante la espera he tratado de olvidarle, porque el recuerdo de una persona que se cree que no se va a volver a ver jamás y que, sin embargo, se estima tanto, fatiga demasiado el espíritu y cuando se ha sentido esa especie de inquietud durante uno o dos años, uno está dispuesto a todo para recuperar el reposo.

He hecho de todo, he tratado de mantenerme ocupada, me he prohibido totalmente el placer de hablar de usted, incluso a Emilie (Emily), pero no he podido vencer ni mis remordimientos ni mi impaciencia. Es humillante, no ser capaz de dominar los propios pensamientos, ser esclava de un lamento, de un recuerdo, esclava de una idea dominante y fija que tiraniza el espíritu. ¿Acaso no puedo yo tener yo por usted la misma amistad que usted tiene por mí, ni más ni menos? Entonces estaría tan tranquila, tan libre, podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo.

Mi padre va bien pero su vista casi ha desaparecido, ya no puede ni leer ni escribir y sin embargo los médicos opinan que todavía hay que esperar algunos meses antes de intentar operarle. El invierno no será para él mas que una larga noche, rara vez se queja, admiro su paciencia. Si la Providencia me tiene asignado el mismo destino, ojalá me pueda dar también la misma paciencia para soportarlo. Me parece, señor, que lo más amargo de los grandes males físicos es tener que estar obligado a compartirlo con todos los que nos rodean. Se pueden esconder las enfermedades del alma pero aquellas que afecta al cuerpo y destruyen las facultades no se pueden esconder. Mi padre me permite ahora leer y escribir por él, así me muestra mucha más confianza de la que jamás me ha mostrado, lo que es un gran consuelo.

Señor, tengo un favor que pedirle. Cuando responda a esta carta hábleme de usted, no de mí, ya que sé que si me habla de mí será para regañarme y, esta vez, me gustaría ver su lado benévolo. Hábleme entonces de sus hijos, nunca tenía la frente fruncida cuando tenía cerca a Louise y a Claire y a Prosper. Dígame algo sobre el Pensionnat, sobre las alumnas y profesoras. ¿Las señoritas Blanche, Sophie y Justine todavía están en Bruselas? Dígame donde ha ido durante las vacaciones, ¿Acaso no ha estado en las orillas del Rin? ¿No ha visitado Cologne o Coblentz? Dígame lo que quiera, maestro, pero dígame algo. Escribir a hasta ahora una maestra auxiliar (no, no quiero recordar mi empleo como maestra auxiliar, lo repudio), pero escribir a una antigua alumna no puede ser una ocupación muy interesante para usted, lo sé, pero para mí significa la vida. Su última carta me ha servido de sustento, de alimento durante seis meses, ahora necesito otra y me la dará, no porque sienta amistad por mí, porque no debe de sentir mucha, pero porque tiene un alma compasiva y porque no condenaría a nadie a largos sufrimientos para evitarse unos instantes de molestia. Prohibirme a mí misma escribirle, negarse a responder no sería más que arrancar la única alegría que tengo en el mundo, privarme de mi último privilegio, un privilegio al que no renunciaría jamás voluntariamente. Créame, maestro, al escribirme está haciendo una buena obra, mientras yo le vea contento conmigo, mientras tenga esperanza de recibir noticias de usted puedo estar tranquila y no demasiado triste; pero cuando un silencio sombrío y prolongado parece advertirme de la lejanía de mi maestro de mí, cuando día tras día espero una carta y que día tras día la decepción me devuelve a mi dolorosa miseria, cuando la dulce alegría de ver su escritura, de leer sus consejos me rehúye como una vana visión, entonces, me sube la fiebre, pierdo el apetito y no duermo, me consumo.

¿Puedo volver a escribirle el próximo mes de mayo? Me hubiera gustado poder esperar todo un año, pero es imposible, es demasiado tiempo.

C Brontë

(fragmento en inglés) Debo decirle unas palabras en inglés – ojalá pudiera escribir cartas más alegres, porque cuando relea esta, pensaré que es más bien melancólica. Pero perdóneme mi querido maestro, no se irrite por mi tristeza, según las palabras de la Biblia “De la plenitud del corazón, la boca habla” y pienso que es realmente complicado estar alegre si no le voy a volver a ver nunca más. Notará por los errores de esta carta que estoy olvidando el francés, aún así leo todos los libros en francés que puedo conseguir, me aprendo de memoria un pasaje al día, pero desde que me marché de Bruselas no he vuelto a escuchar hablar francés, y entonces sonaba como música para mis oídos. Cada palabra era preciada para mí porque me recordaba a usted, amo el francés por su bien con todo mi corazón y mi alma. Adiós mi querido maestro, que Dios le proteja con especial cuidado y le llene de bendiciones.

Charlotte y Bruselas (4): carta del 8 de enero de 1845

 

cartas

En esta tercera carta ya se empieza a ver claramente la desesperación de Charlotte, tanto que incluso hay algunos fragmentos que han sido tachados. Aunque ya dije al principio que las cartas no habían sido traducidas al castellano hasta el momento, sí es cierto que precisamente  esta carta aparece en el libro Grandes cartas de amor publicado por La esfera de libros. Aún así, la traducción que aquí aparece es cosecha propia, basada en la versión original escrita en francés. Sirva esta siguiente carta como preludio para el “gran final”, donde tenemos alguna que otra sorpresa reservada.

8 de enero de 1845

Haworth – Bradford – Yorkshire

El Sr. Taylor regresó, le pregunté si tenía alguna carta para mí –“No, ninguna.”. “Paciencia”, pensé, “su hermana regresará pronto”. La señorita Taylor regresó, “No tengo nada para usted de parte del Señor Heger” dijo ella “ni carta ni mensaje”.

Habiendo comprendido bien esas palabras me dije a mi misma lo que le hubiera dicho a cualquiera en una situación parecida, “Tienes que renunciar y, sobre todo, no afligirte a causa de una desgracia que no mereces”. Me he esforzado en no llorar y en no quejarme.

Pero cuando uno no se queja y cuando uno desea dominarse a sí mismo como si fuera un tirano, las facultades se rebelan y se paga la calma exterior con una lucha interior casi insoportable.

Día y noche no encuentro ni reposo ni paz, si duermo tengo pesadillas donde le veo a usted, siempre severo, siempre sombrío e irritado conmigo.

Discúlpeme entonces Señor si tomo la iniciativa de escribirle de nuevo. ¿Cómo puedo soportar la vida si no hago un esfuerzo para tratar de aliviar el sufrimiento?

Sé que perderá la paciencia cuando lea esta carta. De nuevo pensará que estoy exaltada, que tengo pensamientos oscuros, etc. Que así sea Señor, no busco justificarme, me someto a todo tipo de reproches, todo lo que sé es que no puedo, que no quiero, resignarme a perder por completo la amistad con mi maestro. Preferiría sufrir los más grandes dolores físicos que tener siempre el corazón lacerado por amargos remordimientos. Si mi maestro me retira por completo su amistad quedaré totalmente devastada, si me da un poco, aunque sea muy poco, estaré contenta, feliz, tendré un motivo para para poder seguir viviendo, para seguir trabajando.

Señor, los pobres no necesitan gran cosa para poder vivir. No piden más que las migajas de pan que caen de la mesa de los ricos, pero si se les niega incluso esas migas de pan, se mueren de hambre. Yo tampoco necesito mucho afecto por la parte de aquellos a los que amo, no sabría qué hacer con una amistad entera y completa, no estoy acostumbrada, pero usted mostró, hace tiempo, un poco de interés cuando yo era su alumna en Bruselas y quiero conservar ese poco interés, me aferro a él como me aferro a la vida misma.

Usted me dirá tal vez: ”No me interesa ya lo más mínimo Señorita Charlotte, ya no está usted en mi casa, os he olvidado.” Pues bien Señor, dígamelo entonces francamente, será para mí una conmoción, pero siempre será menos horrible que la incertitud.

No quiero releer esta carta, la envío tal y como la he escrito, sin embargo tengo la sensación de que habría personas frías y racionales que dirían al leerla “ella está delirando”. Como única venganza les deseo a esas personas tener un solo día los tormentos que yo he sufrido desde hace ocho meses, veríamos entonces si ellos mismos no delirarían.

Se sufre en silencio mientras se tiene fuerza y cuando las fuerzas faltan se habla (algo tachado) sin medir mucho las palabras.

(tachado: no tengo necesidad de desearle felicidad y prosperidad, ya goza de ella).

Le deseo al Señor felicidad y prosperidad.
CB.