Charlotte y Bruselas (2): Carta del 24 de julio de 1844

cartas

Hoy os traigo la primera de las cuatro cartas que se conservan de la correspondencia entre Charlotte Brontë y Constantin Héger. Estas cartas causaron un gran revuelo en 1913, cuando Paul, uno de los hijos de Constantin y Zöe, las llevó a la British Library de Londres

La historia de cómo llegaron a conservarse estas cuatro cartas también es muy curiosa. Zöe, la fiel esposa de Constantin,  le contó a su hijo Louise que había visto a su marido tirarlas a la basura pero que ella había decidido rcuperarlas y coser y pegar aquellas que había roto en pedazos, para guardarlas después en su joyero para así poder demostrar que era un amor no correspondido por parte de él, o eso dicen.

En cualquier caso, leer estas cartas escritas originalmente en francés es una increíble experiencia, por la pasión y el dolor que se puede ver en cada línea, y nos ayuda a comprender un poco mejor a Charlotte y también conocer su día a día.

Las versiones originales, tanto en francés como su traducción en inglés las podéis encontrar en algunos libros, entre otros Selected letters of Charlotte Brontë de Margaret Smith. La traducción que os pongo debajo de la primera carta (y de las demás que vendrán) la he hecho yo misma a partir de la versión original francesa, pensad que no soy traductora profesional pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Que yo haya visto no existe ninguna versión en castellano donde aparezcan las cartas, así que espero que os gusten.

——————-

Para Constantin Héger, 24 de julio de 1844

Haworth

Señor

Sé que no es mi turno de escribirle, pero ya que la señora Wheelwright va a ir a Bruselas y no le importa hacerse cargo de una carta, me parece que no debo aprovechar una ocasión tan favorable para escribirle.

Estoy muy contenta de que el curso escolar casi haya terminado y que se acerquen las vacaciones – estoy contenta por usted señor, ya que me han dicho que trabaja demasiado y que su salud está un poco alterada. Por ello no me permito quejarme sobre su largo silencio, me gustaría más estar seis meses sin recibir noticias de usted que añadir más peso a la ya pesada carga que le abruma. Recuerdo bien que ahora es la época de las redacciones, y que pronto será la de los exámenes y después la de los premios, y que durante todo este tiempo usted está condenado a respirar la desencantada atmósfera de las clases, a ser utilizado, a explicar, a preguntar y a hablar a lo largo del día, y después por la noche con todas esas infelices redacciones para leer, corregir y casi reescribir. ¡Ah, señor! Una vez le escribí una carta poco razonable, a causa del dolor que apresaba mi corazón, pero ya no lo volveré a hacer. Intentaré no ser egoísta y mientras veré sus cartas como una de las mejores alegrías que conozco, esperaré pacientemente hasta que le plazca y convenga enviarme una. Mientras tanto yo puedo escribirle a usted una breve carta de vez en cuando, usted me ha autorizado.

Temo olvidar el francés, porque estoy segura de que nos volveremos a ver un día – no sé cómo ni cuándo – pero será así porque lo deseo tanto, y no me gustaría quedarme muda delante de usted. Sería demasiado triste verle y no poder hablarle. Para evitar este mal, aprendo de memoria todos los días media página de francés de un libro de estilo familiar. Y me resulta un placer aprender de esta forma, señor, cuando pronuncio las palabras en francés es como si estuviera con usted.

Me acaban de ofrecer un puesto como maestra principal en un gran internado en Manchester, con un salario de 100£, unos 2500 francos por año. No he podido aceptarlo ya que hacerlo me alejaría de mi padre, y eso no puede ser. Aun así tengo mi propio proyecto, cuando se vive en el retiro el cerebro sigue trabajando, uno desea estar ocupado y mantener una carrera activa. Nuestro Presbiterio es una casa lo suficientemente grande para que con unos pequeños cambios haya sitio para 5 o 6 internas. Si pudiera encontrar ese número de niñas de buena familia me dedicaría a educarlas. A Emilie (Emily) no le gusta mucho ser maestra pero ella se ocuparía de las tareas del hogar y, aunque sea un poco recluida, tiene un corazón demasiado bondadoso como para no hacer lo mejor posible para los niños. Ella también está muy dotada en el orden, la economía, la exactitud, pero yo misma me haría cargo del trabajo asiduo, tan necesario en un internado.

Ese es mi proyecto Señor, que ya le he explicado a mi padre y que acepta. Ya solo falta encontrar alumnas, cosa bastante complicada, porque estamos alejadas de las grandes ciudades. No nos importa atravesar las montañas que nos hacen de barrera, pero la tarea que no entraña problemas no tiene mérito, y tenemos un gran interés en vencer los obstáculos. No digo que vaya a conseguirlo, pero trataré de hacerlo, ya solo el esfuerzo me sentará bien. No hay nada que tema más que la pereza, estar ociosa, la apatía, la letargia de las facultades. Cuando el cuerpo es perezoso, el espíritu sufre de forma cruel.

No conocería esta letargia su pudiera escribir, antes pasaba días enteros, meses, escribiendo y no del todo sin fruto, ya que Southey, y Coleridge, dos de nuestros mejores autores, a quienes les envié algunos manuscritos han querido darles su aprobación. Pero a día de hoy tengo la vista demasiado débil para escribir, si escribiera mucho me quedaría ciega. Esta debilidad de la vista es para mí una terrible privación, sin eso ¿sabe qué haría yo Señor? Escribiría un libro y se lo dedicaría a mi maestro de literatura, al único maestro que he tenido, a usted, Señor. Le he dicho con frecuencia en francés cuanto le respeto, que estoy en deuda con usted por su bondad, por sus consejos.

Me gustaría decírselo una vez en inglés pero no se puede, es mejor no pensar en ello, la carrera de letras está cerrada para mí. Solo puedo dedicarme a la instrucción, no me ofrece los mismos encantos, pero da lo mismo, me dedicaré a ello y si no llego muy lejos no será por falta de diligencia. Usted también Señor quiso ser abogado pero la suerte o la Providencia le hizo dedicarse a la enseñanza y a pesar de todo es feliz.

Por favor, preséntele mi aprecio a la Señora (Heger), temo que Maria, Louise, Claire, me hayan olvidado ya. Prospère y Victoria no me conocieron demasiado, pero yo me acuerdo muy bien de los cinco, sobre todo de Louise, tenía tanto carácter, tanta ingenuidad, tanta verdad en su pequeña figura.

Adiós Señor –
Su agradecida estudiante
C Brontë

24 de Julio

No le he pedido que me escriba pronto porque temo importunarle, pero usted es demasiado bueno para olvidar que en cualquier caso aun así lo deseo. Sí, lo deseo mucho, pero es suficiente. Después de todo, haga lo que considere, si recibiera una carta suya y creyera que la ha escrito solo por piedad, eso me dolería mucho.

Parece que la Señora Wheelwright va a ir a Paris antes de ir a Bruselas, pero enviará mi carta en Boulogne. De nuevo, adiós Señor, me duele incluso decirle adiós en una carta. Oh, estoy segura de que nos volveremos a ver, es necesario, porque en cuanto haya ganado dinero suficiente para ir a Bruselas iré, y nos volveremos a ver aunque sea solo por unos instantes.

Anuncios

Un comentario en “Charlotte y Bruselas (2): Carta del 24 de julio de 1844

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s